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Introducción

instituciones familiares las abre y revela su absurdo, gusta de recordarnos que la matanza y el pillaje y el asesinato que Cándido presenció entre los búlgaros eran perfectamente regulares, por haberse llevado a cabo según las leyes y usos de la guerra. Si Voltaire hubiera vivido hoy, le habría hecho a la pobreza lo que le hizo a la guerra. Compadeciéndose de los pobres, nos habría mostrado la pobreza como un anacronismo ridículo, y tanto el ridículo como la compasión habrían expresado su indignación.

Casi cualquier moderno, al ensayar un cuento filosófico, lo haría largo.

Cándido solo tiene la longitud de un Hamlet y medio. Apenas habría sido más corto si Voltaire hubiera dedicado tres meses a escribirlo, en lugar de esos tres días.

Una concisión que en inglés nadie puede igualar salvo Pope, quien es capaz de decir de un enemigo plagiario que «roba mucho, gasta poco y no le queda nada», una concisión por la que Pope sudó la gota gorda, le brotaba a Voltaire con la misma facilidad que el ingenio. Puede permitirse ser ingenioso, entre paréntesis, de pasada, con prodigalidad, sin escatimar, porque sabe que hay más ingenio de donde salió ese.

Una de las caricaturas de Max Beerbohm nos muestra al joven siglo XX avanzando a toda velocidad, observado por dos de sus predecesores. Debajo se lee esta leyenda: > «Las graves dudas del siglo XIX y la perversa diversión del XVIII al contemplar el progreso (o lo que sea) del siglo XX». Este siglo XVIII, aficionado al rapé y malicioso, es como Voltaire, quien sin embargo debe saber, si llega a pensarlo, que ni siquiera en el siglo XX, a pesar de su manía por la velocidad, nadie se ha acercado a igualar la velocidad de un cuento en prosa de

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