espíritu de toda inquietud [y hallándome felizmente libre de pasiones], y puesto que poseo un sosiego seguro en un retiro pacífico, me aplicaré por fin seria y libremente a la destrucción general de todas mis antiguas opiniones.
Pero, para este fin, no será necesario que muestre que todas ellas son falsas —algo a lo que tal vez nunca llegue—; sino que, como ya ahora mi razón me convence de que debo apartar mi asentimiento de lo que no es enteramente cierto e indudable con el mismo cuidado que de lo que es manifiestamente falso, bastará para justificar el rechazo de todas con que encuentre en cada una algún motivo de duda. Tampoco será necesario para este propósito examinar cada creencia en particular, lo cual sería un trabajo verdaderamente interminable; sino que, como la destrucción de los cimientos arrastra necesariamente consigo todo el resto del edificio, atacaré directamente los principios en los que se apoyaban todas mis antiguas opiniones.
Todo lo que hasta