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nydus/Philosophical WorksPublic
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Meditación I: De las cosas de que podemos dudar

para discernir la verdad del error no es infinito.

Sin embargo, esto no es aún del todo satisfactorio; pues el error no es una mera negación, [es decir, no es la simple deficiencia o falta de algún conocimiento que no me es debido], sino la privación o falta de algún conocimiento que parecería que yo debería poseer.

Mas, al considerar la naturaleza de Dios, parece imposible que haya plantado en su criatura facultad alguna que no sea perfecta en su género, esto es, carente de alguna perfección que le sea debida: pues si es verdad que, en proporción a la habilidad del hacedor, mayor es la perfección de su obra, ¿qué cosa habrá podido producir el supremo Creador del universo que no sea absolutamente perfecta en todas sus partes?

Y ciertamente no hay duda de que Dios pudo haberme creado de tal modo que jamás me engañase; es cierto, asimismo, que él quiere siempre lo mejor: ¿es mejor, pues, que yo sea capaz de ser engañado a que no lo sea?

Considerando esto con mayor atención, lo primero que se me ocurre es la reflexión de que no debo extrañarme si no soy siempre capaz de comprender los motivos por los cuales Dios obra como lo hace; ni tampoco debo dudar de su existencia porque observe, acaso, que hay otras varias cosas además de las presentes respecto de las cuales no entiendo ni por qué ni cómo fueron creadas por él; pues, sabiendo ya que mi naturaleza es extremadamente débil y limitada, y que la naturaleza de Dios, por otra parte, es inmensa, incomprensible e infinita, no tengo ya ninguna dificultad en reconocer que hay una infinidad de cosas en su poder cuyas causas rebasan el alcance de mi mente: y esta sola consideración me basta para convencerme de que toda la clase de las causas finales es inútil en las cosas físicas [o naturales]; pues me parece que no puedo, sin exponerme a

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