el momento descubrir ningún otro motivo.
Pero, entre estas mis ideas, además de la que me representa a mí mismo, respecto de la cual no puede haber aquí dificultad alguna, hay una que representa a un Dios; otras, cosas corpóreas e inanimadas; otras, ángeles; otras, animales; y, finalmente, hay algunas que me representan a hombres como yo mismo.
Pero en cuanto a las ideas que representan a otros hombres, o a los animales, o a los ángeles, puedo suponer fácilmente que se formaron por la mezcla y composición de las otras ideas que tengo de mí mismo, de las cosas corpóreas y de Dios, aunque fuera de mí no hubiese ni hombres, ni animales, ni ángeles.
Y en cuanto a las ideas de los objetos corpóreos, nunca descubrí en ellas nada tan grandioso o excelente que yo mismo no pareciera capaz de originar; pues, al considerar estas ideas de cerca y escrutarlas individualmente, de la misma manera que ayer examiné la idea