con la misma mente originaria, este individuo habría poseído de haber vivido siempre entre los chinos o con salvajes, y la circunstancia de que en el vestido mismo la moda que nos agradaba hace diez años, y que quizás vuelva a ser aceptada antes de que pasen diez años, nos parece en este momento extravagante y ridícula. Me fui así llevando a inferir que el fundamento de nuestras opiniones es mucho más la costumbre y el ejemplo que un conocimiento cierto.
Y, finalmente, aunque tal sea el fundamento de nuestras opiniones, noté que la pluralidad de sufragios no es garantía de verdad cuando se trata de descubrimientos de alguna dificultad, ya que en tales casos es mucho más probable que la encuentre uno solo que muchos.
No obstante, no pude elegir de entre la multitud a nadie cuyas opiniones parecieran dignas de preferencia, y así me vi obligado, por decirlo así, a valerme de mi propia razón para la conducción de mi vida.
Pero, como quien