tal orden que, comenzando por los objetos más simples y fáciles de conocer, pudiese ascender poco a poco, y como por grados, hasta el conocimiento de los más compuestos; y suponiendo incluso un orden entre aquellos que no se preceden naturalmente unos a otros.
Y la última, en todos los casos, hacer enumeraciones tan completas y revisiones tan generales que tuviese la seguridad de no omitir nada.
Las largas cadenas de razonamientos simples y fáciles mediante las cuales los geómetras están acostumbrados a llegar a las conclusiones de sus demostraciones más difíciles me habían llevado a imaginar que todas las cosas que pueden ser objeto del conocimiento humano se entrelazan de la misma manera y que no hay nada tan alejado de nosotros que no podamos alcanzarlo, ni tan oculto que no podamos descubrirlo, con tal solo de abstenernos de aceptar lo falso como verdadero y de conservar siempre en nuestros pensamientos el orden necesario para deducir una verdad de otra.
Y tuve poca dificultad en