bien imaginaba que era algo extremadamente raro y sutil, como un viento, una llama o un éter, extendido por mis partes más densas.
En lo que tocaba al cuerpo, ni siquiera dudaba de su naturaleza, sino que creía conocerlo distintamente, y si hubiera querido describirlo de acuerdo con las nociones que entonces abrigaba, me habría explicado de esta manera: > Por cuerpo entiendo todo lo que puede ser limitado por una cierta figura; lo que puede ser comprendido en un cierto lugar y llenar un espacio de tal modo que de él excluya cualquier otro cuerpo; lo que puede ser percibido ya por el tacto, la vista, el oído, el gusto o el olfato; lo que puede ser movido de diferentes maneras, no ciertamente por sí mismo, sino por algo ajeno a él por lo cual es tocado [y de lo cual recibe la impresión]; pues la facultad de moverse por sí mismo, así como la de sentir y pensar, consideraba que