De la naturaleza de Planilandia
Llamo a nuestro mundo Planilandia, no porque lo llamemos así, sino para hacer su naturaleza más comprensible para vosotros, mis felices lectores, que tenéis el privilegio de vivir en el Espacio.
Imagínese una vasta hoja de papel sobre la cual líneas rectas, triángulos, cuadrados, pentágonos, hexágonos y otras figuras, en vez de permanecer fijas en sus lugares, se mueven libremente sobre o dentro de la superficie, pero sin el poder de elevarse por encima o hundirse por debajo de ella, muy parecido a las sombras —solo que duras y con bordes luminosos—, y entonces tendrá una noción bastante correcta de mi país y de mis compatriotas. Ay, hace unos pocos años habría dicho «mi universo»; pero ahora mi mente se ha abierto a visiones más elevadas de las cosas.
En semejante país, comprenderá usted al instante que es imposible que haya nada de lo que llaman de tipo «sólido»; pero me atrevo a suponer que usted creerá que al menos podemos distinguir a simple vista los Triángulos, Cuadrados y otras Figuras, moviéndose a nuestro alrededor tal como los he descrito.
Por el contrario, no podíamos ver nada por el estilo, al menos de modo que permitiera distinguir una Figura de otra. Nada era visible, ni podía serlo para nosotros, excepto Líneas Rectas, y la necesidad de esto se la demostraré en seguida.
Coloca un centavo en el centro de una de tus mesas en el espacio; e inclinándote sobre él, míralo desde arriba. Parecerá un círculo.