dar como resultado una descendencia que se aproxima aún más al tipo del Triángulo Equilátero.
Rara vez —en proporción al vasto número de nacimientos isósceles— se produce un Triángulo Equilátero genuino y certificable a partir de padres isósceles. Dicho nacimiento requiere, como antecedentes, no solo una serie de matrimonios mixtos cuidadosamente organizados, sino también un largo y continuo ejercicio de frugalidad y autocontrol por parte de los futuros antepasados del próximo Equilátero, y un desarrollo paciente, sistemático y continuo del intelecto isósceles a lo largo de muchas generaciones.
El nacimiento de un Triángulo Equilátero Auténtico de padres Isósceles es motivo de regocijo en nuestro país a muchas furlongs a la redonda.
Tras un riguroso examen realizado por la Junta Sanitaria y Social, el infante, si es certificado como Regular, es admitido con solemne ceremonial en la clase de los Equiláteros.
Inmediatamente después es arrebatado a sus orgullosos a la par que afligidos padres y adoptado por algún Equilátero sin hijos, quien está obligado por juramento a no permitir jamás que el niño vuelva a pisar su antiguo hogar ni mucho menos a mirar de nuevo a sus parientes, por miedo a que el organismo recién desarrollado pueda, por fuerza de la imitación inconsciente, recaer en su nivel hereditario.
La aparición ocasional de un Equilátero entre las filas de sus antepasados nacidos en la servidumbre es recibida con agrado, no solo por los propios campesinos pobres, como un rayo de luz y esperanza arrojado sobre la monótona miseria de su existencia, sino también por la aristocracia en general; pues todas las clases superiores son muy conscientes de que estos raros fenómenos, si bien hacen poco o nada por vulgarizar sus propios privilegios, sirven como una barrera de gran utilidad contra la revolución desde abajo.