impotentes para causar daño, y no recordarán dentro de unos minutos el incidente por el cual en este momento te amenazan de muerte, ni las promesas que puedas haber juzgado necesario hacer para apaciguar su furia.
En conjunto, nos llevamos bastante bien en nuestras relaciones domésticas, salvo en los estratos inferiores de las clases militares.
Allí, la falta de tacto y discreción por parte de los maridos produce a veces desastres indescriptibles. Confiando demasiado en las armas ofensivas de sus ángulos agudos en lugar de en los órganos defensivos del buen juicio y la simulación oportuna, estas criaturas imprudentes descuidan con demasiada frecuencia la estructura prescrita de los aposentos de las mujeres, o irritan a sus esposas con expresiones poco prudentes fuera de casa, que se niegan a retractar de inmediato.
Además, una ciega y terca devoción por la verdad literal los predispone en contra de hacer esas promesas generosas con las que el Círculo más sensato puede pacificar en un momento a su consorte. El resultado es la masacre; no sin sus ventajas, sin embargo, ya que elimina a los más brutales y molestos de los Isósceles; y muchos de nuestros Círculos consideran que la destructividad del sexo más delgado es uno entre varios arreglos providenciales para suprimir la población redundante y sofocar la Revolución en el germen.
Sin embargo, aun en nuestras familias mejor reguladas y más aproximadamente Circulares, no puedo decir que el ideal de la vida familiar sea tan elevado como el de ustedes en Espaciolandia. Hay paz, en la medida en que la ausencia de matanzas pueda llamarse con ese nombre, pero necesariamente hay poca armonía de gustos o ocupaciones; y la prudente sabiduría de los Círculos ha garantizado la seguridad a costa de la comodidad doméstica. En cada hogar Circular o Poligonal ha sido una costumbre desde tiempos inmemoriales —y ahora se ha convertido