no supe qué responder. Pero la respuesta de mi pobre y viejo amigo me parece que la rebate por completo.
“Admito”—dijo—, cuando le mencioné esta objeción de mi crítico—: “Admito la verdad de los hechos de vuestro crítico, pero niego sus conclusiones. Es verdad que tenemos realmente en Planilandia una tercera dimensión no reconocida llamada ‘altura’, así como también es verdad que tenéis realmente en Espacilandia una cuarta dimensión no reconocida, que actualmente no tiene nombre, pero que yo llamaré ‘extra-altura’. Sin embargo, nosotros no podemos tomar conciencia de nuestra ‘altura’ del mismo modo que vosotros no podéis tomarla de vuestra ‘extra-altura’. Incluso yo—que he estado en Espacilandia, y he tenido el privilegio de comprender durante veinticuatro horas el significado de la ‘altura’—, ni siquiera yo puedo comprenderla ahora, ni realizarla mediante el sentido de la vista o por ningún proceso de la razón; solo puedo aprehenderla por la fe”.
“La razón es obvia. Dimensión implica dirección, implica medición, implica el más y el menos. Ahora bien, todas nuestras líneas son igual e infinitesimalmente gruesas (o altas, como prefieran); en consecuencia, no hay nada en ellas que guíe nuestras mentes hacia la concepción de esa Dimensión. Ningún «micrómetro delicado»—como ha sugerido algún crítico de Terracielo demasiado apresurado—nos serviría de nada en absoluto; pues no sabríamos qué medir, ni en qué dirección. Cuando vemos una Línea, vemos algo que es largo y brillante; el brillo, así como la longitud, es necesario para la existencia de una Línea; si el brillo se desvanece, la Línea se extingue. De ahí que todos mis amigos de Planilandia—cuando les hablo de la Dimension no reconocida que de algún modo es visible en una Línea—digan: «Ah, te refieres al brillo»; y cuando yo respondo: «No, me refiero a una Dimensión real», replican de inmediato: «Entonces mídela, o dinos en qué dirección se extiende»; y esto me reduce al silencio, pues no puedo hacer ni lo uno ni lo otro. Apenas ayer, cuando el Círculo Jefe (en otras palabras, nuestro Sumo