CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Mrs. DallowayPublic
Page 221 of 275
Table of Contents

La señora Dalloway

en la forma en que sacudía las cenizas de su pipa y, por supuesto, en sus modales con las mujeres. Pues era muy encantador y bastante ridículo lo fácil que una muchacha sin un gramo de sentido podía envolverlo. Pero bajo su propio riesgo. Es decir, aunque fuera de lo más condescendiente y, de hecho, con su alegría y buena educación resultara fascinante estar con él, solo era hasta cierto punto. Ella decía algo—no, no; él calaba eso. No iba a tolerar eso—no, no. Luego podía gritar y estremecerse y doblarse de la risa con alguna broma entre hombres. Era el mejor crítico de cocina de la India. Era un hombre. Pero no la clase de hombre a la que uno tenía que respetar —lo cual era un alivio—; no como el comandante Simmons, por ejemplo; ni lo más mínimo parecido a eso, pensaba Daisy cuando, a pesar de sus dos pequeños hijos, solía compararlos.

Se quitó las botas. Se vació los bolsillos. Junto con la navaja salió una instantánea de Daisy en la galería; Daisy toda de blanca, con un fox terrier sobre las rodillas; muy encantadora, muy morena; la mejor que había visto de ella.

Al fin y al cabo, todo surgía con naturalidad; con mucha más naturalidad que Clarissa. Sin barullos. Sin molestias. Sin remilgos ni zozobras. Viento en popa.

Y la morena, adorablemente bonita chica de la galería exclamó (él podía oírla) ¡Claro que sí, claro que le daría todo! exclamó (no tenía sentido de la prudencia), ¡todo cuanto quería! exclamó, corriendo a su encuentro, sin importar quién pudiera estar mirando. Y solo tenía veinticuatro años. Y tenía dos hijos. ¡Vaya, vaya!

Pues la verdad es que se habías metido en un buen lío a su edad. Y se dio cuenta al despertarse por la noche con bastante fuerza.

221