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# LOS UTOPISTAS: OWEN, SAINT SIMON Y FOURIER
Ahora nos es necesario apartarnos por un tiempo del progreso político del socialismo, para prestar atención a la escuela de pensadores que precedió al nacimiento del socialismo científico o revolucionario moderno.
Estos hombres creían posible regenerar la sociedad exponiéndole sus deficiencias, locuras e injusticias, y enseñando mediante preceptos y ejemplos ciertos planes de reconstrucción edificados a partir de las aspiraciones y la perspicacia de los propios maestros.
No habían aprendido a reconocer la secuencia de acontecimientos que impone los cambios sociales a la humanidad, ya sea que esta sea consciente de dicha fuerza o no, sino que creían que sus planes se abrirían paso hacia la adopción general mediante la percepción humana de su razonabilidad intrínseca.
Esperaban convertir a las gente al socialismo, a aceptarlo de manera consciente y formal, mostrándole el contraste entre la confusión y la miseria de la civilización, y el orden y la felicidad del mundo que ellos preveían.
Por los elaborados y detallados planes de la futura Sociedad que construyeron, han sido llamados utopistas.
Los representantes de las diferentes fases de esta escuela son tres hombres extraordinarios, nacidos con pocos años de diferencia, cuyas aspiraciones y visión hicieron, en su día, muchísimo para impulsar el progreso del socialismo, a pesar de lo incompleto de sus puntos de vista.
Robert Owen nació en Newtown, Montgomeryshire, en 1771, en el seno de una familia de la pequeña burguesía. Se convirtió en un fabricante exitoso gracias a su propia laboriosidad y agudeza mental en los inicios del auge de la Gran Industria Maquinizada, cuando la «manufactura» 208 avanzaba «a pasos agigantados». Era un filántropo nato en el mejor sentido de la palabra y, desde el principio, demostró en todos los asuntos una generosidad y magnanimidad sin límites.
En el año 1800, cuando aún no tenía treinta años, se convirtió en director de las hilanderías de New Lanark y se puso manos a la obra en su primer gran experimento, que consistió brevemente en la transformación de un grupo de personas miserables, estúpidas y viciosas en una comunidad feliz, trabajadora y ordenada, basándose en la teoría de que el hombre es criatura de su entorno y que, mediante una atención diligente al desarrollo de su naturaleza, puede ser llevado a la perfección.
En este experimento tuvo un éxito rotundo, pero no estaba en su naturaleza quedarse ahí, como dejaban bastante claras las sencillas palabras que pronunció sobre su éxito:
«Sin embargo, estos hombres eran mis esclavos».171
Participó en todo tipo de proyectos de índole filantrópica, basando aún toda su acción en su teoría 209 de la perfectibilidad del hombre mediante el mejoramiento de su entorno, y se convirtió en el primer gran defensor de la cooperación, aunque no creía, como los cooperadores de la actualidad, que nada que no fuera la cooperación universal resolvería la cuestión social.
En 1815 impulsó a una asamblea de fabricantes de Glasgow a presentar una petición al Parlamento para acortar la jornada laboral en las hilanderías de algodón, y el cambio que experimentó, pasando de la aprobación de las clases gobernantes a su reprobación, bien puede fecharse a partir de ese acontecimiento, como sugiere un biógrafo burgués suyo.
Pero mantuvo su puesto como filántropo popular, incluso después de su declaración a favor de la cooperación, hasta que finalmente se marginó de la respetabilidad al atacar abiertamente a la Respetabilidad a través de su religión aceptada (el 21 de agosto de 1816), fecha a partir de la cual fue repudiado por toda esa «Sociedad» de la que ahora era enemigo declarado.
Pero no se dejó amedrentar en absoluto. En 1823 propuso aldeas comunistas como remedio para la miseria en Irlanda; estableció, en 1832, un mercado en Gray's Inn Road donde el trabajo se intercambiaba equitativamente por trabajo; en 1825 compró New Harmony a una comunidad ya establecida allí (los rapitas) y llevó a cabo su gran experimento de vida en común; y ya avanzado en años publicó su Book of the New Moral World, que contiene la exposición de su doctrina.
Se verá así que era infatigable en los experimentos prácticos. Su defecto era el inevitable del utopista: una total indiferencia hacia el aspecto político del progreso.
No lograba ver que sus experimentos, por útiles que fueran desde ese punto de vista, jamás podrían salir de la etapa experimental mientras la constitución de la sociedad suponga la defensa de los llamados «derechos de propiedad».
Ignoraba asimismo el antagonismo de clases que necesariamente existe bajo este sistema, y que a la larga ha de provocar el socialismo que él, el más generoso y el mejor de los hombres, pasó toda su vida intentando realizar.
Murió en 1858.
Saint Simon nació en el seno de una familia noble 211 en París en 1760. Adquirió y dilapidó una fortuna, experimentando deliberadamente con las diversas formas de "vida", desde la extravagancia hasta la miseria absoluta. No había en él nada de esa tendencia a la experimentación práctica en esquemas cuasisocialistas que caracterizó a Robert Owen.
Su filosofía se mezclaba con un misticismo que tendía a aumentar —una tendencia a formar una nueva religión más que a realizar una nueva condición de vida— y que fue llevado hasta las absurdidades de una especie de culto por sus seguidores inmediatos, más o menos imitado por los positivistas de nuestros propios días, cuyo fundador, Auguste Comte, fue su discípulo más querido.
Su socialismo era de índole vaga y admitía la existencia de clases de talento, tal como lo expresa el lema del sansimonismo: "De cada cual según su capacidad; a cada cual según sus obras".
A pesar, sin embargo, de la tendencia al misticismo, mostró singulares destellos de perspicacia en asuntos históricos y económicos, y desde el punto de vista intelectual estaba ciertamente por delante de Robert Owen. Puede decirse que 212 se impuso la tarea de conocer toda la vida por cualquier medio y a cualquier precio, para dedicarse a la nueva religión, "cuyo gran objetivo es la mejora más rápida posible de la condición moral y física de la clase más pobre y más numerosa".
Bien dice de él Federico Engels:
“Ya en sus Cartas desde Ginebra, Saint-Simon sentó el principio de que todos los hombres deben trabajar, y que el Reinado del Terror había sido el reino de las masas desposeídas. Ver claramente ya en 1802 que la Revolución francesa era una lucha de clases entre la nobleza, la burguesía y los desposeídos fue un descubrimiento genial. En 1816 declaró que la política no era sino la ciencia de la producción, y predijo su absorción por la economía. El conocimiento de que la situación económica es la base de las instituciones políticas aparece aquí todavía en germen; sin embargo, en esta tesis se contiene ya claramente la conversión del gobierno político sobre los hombres en una administración de las cosas y en la dirección de los procesos de producción, es decir, la abolición del Estado, de la que tanto ruido se ha hecho desde entonces.”
El internacionalismo también fue formulado claramente por Saint Simon. Citamos de nuevo a Engels:
“Con una superioridad igual sobre las opiniones de sus contemporáneos, declaró en 1814, inmediatamente después de la entrada de los aliados en París, y nuevamente en 1815, durante la guerra de los cien días, que la única garantía para la paz y el desarrollo próspero de Europa era una alianza entre Francia e Inglaterra, y de esos dos países con Alemania. Ciertamente se necesitaba un valor nada común para predicar a los franceses de 1815 la alianza con los vencedores de Waterloo.”
Vale la pena señalar que uno de los proyectos de los sansimonianos, que fue de los más ridiculizados en su época, fue la apertura de los istmos de Suez y Panamá, y que M. de Lesseps era sansimoniano.
San Simón murió en la mayor pobreza en 1825, con palabras de esperanza para el futuro del partido en los labios.
Charles Fourier nació en 1772 en Lyon; su padre era pañero. Perdió sus bienes en la Revolución y después se dedicó al corretaje mercantil. En medio de sus tratos con la Sociedad, pronto le llamaron la atención las deficiencias y las injusticias del individualismo y la competencia. En su primer libro, La teoría de los cuatro movimientos, elabora la tesis de que la naturaleza humana es perfectible mediante el libre juego de los apetitos y las pasiones, y afirma que la miseria y el vicio provienen de las restricciones impuestas por la Sociedad. Su crítica de la sociedad moderna es sumamente valiosa por anticiparse a la del socialismo científico; a diferencia de sus contemporáneos, tiene una visión del desarrollo histórico de la humanidad: «La divide en cuatro períodos de desarrollo: el Salvajismo, la Barbarie, el Patriarcado y la Civilización, entendiendo por esta última la civilización burguesa».172 Su frase «En la civilización, la pobreza nace de la propia superabundancia» bien merece ser tenida en cuenta en nuestros días y comparada con la de Robert Owen de 1816: «nuestro mejor cliente, la guerra, ha muerto».
Como base para la reconstrucción de la sociedad, Fourier propugnó la cooperación industrial; pero aquí su utopismo lo condujo a la trampa de formular dogmáticamente un elaborado plan de vida en todos sus detalles, un esquema que jamás podría llevarse a cabo, por muy buenos que fuesen los principios en los que se basara.
Su propuesta dispone que las e Falansterios sean la unidad de cooperación, en la cual debían desarrollarse toda la vida y toda la industria, tanto agrícola como de otro tipo, y todos los detalles son expuestos por él de la manera más minuciosa, estableciéndose el número de cada falansterio en 1600 almas.
La idea más valiosa fue la posibilidad y la necesidad de asignar el trabajo adecuado a cada capacidad, asegurando con ello que siempre resultara placentero, y su afirmación de que los niños, a quienes por lo general les gusta hacer tortas de barro y ensuciarse, debían hacer el trabajo sucio de la comunidad, puede verse al menos como una ilustración de esta idea, aunque se planteara como una ley formal.
Su sistema no era de pura igualdad, sino que admitía distinciones entre ricos y (comparativamente) pobres, y abogaba por una división fantástica de la riqueza entre el trabajo, el capital y el talento. La abolición del matrimonio fue un punto en el que insistió de manera especial.
En 1812 murió la madre de Fourier y le dejó algunas propiedades, por lo que se retiró al campo para escribir su Tratado de la asociación doméstica y agrícola.
Después regresó a París, se convirtió en empleado de una empresa estadounidense y compuso en 1830 su Nuevo mundo industrial.
Es lamentable tener que relatar que en 1831 escribió atacando tanto a Owen como a Saint-Simon por considerarlos unos charlatanes, a pesar de los curiosos puntos de parecido que tenía con ambos.
Murió en 1837, no sin antes haber fundado una escuela, de la cual Victor Considérant, autor de la Destinée Sociale, fue el miembro más distinguido.
Los fourieristas fundaron un periódico en 1832, que dejó de publicarse a los dos años, pero que fue revivido en 1836, y finalmente suprimido por el Gobierno en 1850.
Un plan para llevar a cabo experimentalmente el falansterio fue puesto en marcha en 1832 por un diputado de Francia, pero fracasó por falta de fondos; de modo que, de los tres grandes utopistas, Owen fue el único que tuvo la fortuna, buena 217 o mala según se considere, de ver sus planes puestos a prueba por la experiencia.
Cabet, en efecto, un revolucionario del 48, fundó una comunidad en América bajo el nombre de Icaria, que era (y es, pues aún existe) una aproximación más cercana al comunismo genuino que cualquiera de las otras comunidades que debieron su origen al socialismo utópico.
De estas comunidades queda una palabra por decir como advertencia para quienes son jóvenes en el movimiento.
Aunque como experimentos de asociación se pueda aprender algo de ellas, sus condiciones de vida no tienen derecho al título de Comunismo, que con tanta desdicha se les ha aplicado a menudo.
El Comunismo jamás podrá realizarse hasta que el sistema actual de la Sociedad haya sido destruido mediante la toma del poder político por parte de los trabajadores. Cuando eso suceda, significará que el Comunismo está a punto de absorber y transmutar la Civilización en todo el mundo.
Notas al pie
- En 1806, cuando debido al encarecimiento del algodón no pudo continuar la fabricación, detuvo las fábricas y pagó a su gente el salario íntegro hasta que pudo reanudar la actividad cuatro meses después, un proceder que le costó 7000 libras.Back
- Frederick Engels en Socialisme Utopique et Socialisme Scientifique, al igual que las citas anteriores.Back
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