CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Socialism: Its Growth and OutcomePublic
EspañolEnglish
Página 9 de 27
Table of Contents

Sociedad medieval — Periodo temprano

Capítulo anterior | Siguiente capítulo | Socialismo: Índice | Obras | Archivo de William Morris

# LA SOCIEDAD MEDIEVAL: PERIODO INICIAL

Tenemos ahora que ocuparnos de aquella sociedad medieval que se basaba en la fusión de las ideas del comunismo tribal y del individualismo y la burocracia romanos, respectivamente.

La transición de la Pax Romana, el establecimiento definitivo del Imperio romano, el cenit de la civilización clásica, al aparente caos que siguió a las exitosas incursiones de las tribus bárbaras en el siglo V es larga y oscura.

Pero el hecho antes insinuado de la corrupción del Imperio en una mera máquina centralizada de recaudación de impuestos resulta bastante obvio para el estudiante cuidadoso de la historia. 61

Las antiguas familias aristocráticas de las provincias fueron consideradas responsables de los impuestos bajo el nombre de los Decuriones, y cargaban con la odiosa labor de actuar como recaudadores de impuestos; sus propios patrimonios sufrían si no lograban recaudar la cantidad total decretada.

A medida que los recursos del Imperio comenzaron a declinar, el gobierno central presionó con mucha más fuerza y, como se indicó anteriormente, la situación de estos Decuriones se volvió intolerable, de modo que se vieron empujados a la manumisión masiva de sus esclavos.

Estos se convirtieron ahora en siervos, debiendo servicio a sus antiguos amos y siendo el ganado humano necesario de las grandes haciendas que alguna vez poseyeron dichos amos. Parece muy probable que estas circunstancias necesarias, fusionadas con el sistema de la Mark teutónica, produjeran gradualmente la Señoría (Manor), que fue la base de la vida económica medieval.

Esto, por supuesto, solo se aplica a aquellos países que habían sido más o menos definitivamente romanizados. En otras tierras no romanizadas, los siervos eran los descendientes de la tribu conquistada, mientras que los hombres libres de la tribu conquistadora, los «hidalgos» [gentle-men], 62 o hombres de la Gens, eran los poseedores de la tierra, bajo algún tipo de tenencia u otro.

La tendencia irresistible de la nueva sociedad, por lo tanto, cualesquiera fuesen las circunstancias con las que tuviera que lidiar, era hacia un sistema jerárquico, bajo el cual, si bien ningún hombre era poseído en absoluto por otro, ningún hombre estaba libre de servicio hacia otro; incluso los siervos, el rango más bajo, tenían ciertos derechos, el principal de los cuales era el uso de una porción del Señorío; el derecho a la subsistencia, de hecho, no les era negado, al menos en teoría.

La teoría del sistema feudal es una cadena ininterrumpida de servicio desde el siervo hasta el káiser, y de protección desde el káiser hasta el siervo. No reconocía la propiedad absoluta de la tierra. Dios era el dueño de la tierra, el káiser y sus reyes eran Sus virreyes en ella, quienes podían delegar su autoridad en sus vasallos, y estos a su vez en los suyos, y así sucesivamente hasta llegar al siervo; siendo la diferencia la calidad del servicio, ya que los hombres de la tribu conquistadora no pagaban más que deberes militares de algún tipo, mientras que el siervo pagaba con trabajo productivo.

Salvo el derecho a la subsistencia garantizado por la costumbre, este último no tenía en general ningún derecho, pero su señor, sin embargo, estaba obligado a protegerlo contra agravios externos. Y la teoría del sistema al menos investía al señor de un carácter cuasirreligioso.

El cambio hacia este sistema se vio muy favorecido por la dominación de las razas teutónicas en Italia, Francia y España, de modo que el antiguo noble esclavista romano, o provincial romano, fue sustituido gradualmente por el señor feudal bárbaro, quien naturalmente trajo consigo la costumbre de la tribu, desarrollándose poco a poco hasta constituir el completo sistema feudal.

Esto se vio impulsado por la ruptura del mercado mundial de la civilización antigua; ruptura que originó por fin unas condiciones en las que la tierra era la única fuente de sustento y, como hemos visto, era cultivada principalmente en beneficio de los señores por una población de siervos y de arrendatarios villanos —aunque por doquier en los países teutónicos quedaban restos de la antigua posesión de tierras comunales por parte de los hombres libres.

Como ya se ha insinuado, este sistema jerárquico de 64 se mezcló con ideas religiosas.

En consecuencia, encontramos que la Edad Media tuvo una religión propia y bien diferenciada, desarrollada a partir de —aunque de ningún modo idéntica a— aquel cristianismo primitivo que fue una de las fuerzas que desintegraron el Imperio romano.

Mientras dicho imperio perduró en su integridad, el cristianismo fue puramente individualista; ordenaba a cada hombre dar lo mejor de sí para su futuro en otro mundo, y no tenía mandamientos que dar acerca del gobierno de este mundo, excepto obedecer a las «autoridades vigentes» en asuntos no religiosos, con el fin de evitar problemas y complicaciones que pudieran distraer la atención del cristiano del reino de Dios.

Pero en el cristianismo medieval, aunque esta idea de devoción individual a la perfección del otro mundo aún existía, se mantuvo en un segundo plano, y estuvo casi latente, salvo de forma esporádica (como lo ejemplifican san Tomás de Kempis, san Francisco, san Bernardo, etc.) ante la presencia de la idea de la Iglesia.

Esta última no era meramente un vínculo entre los reinos terrenal y celestial, 65 sino que incluso puede decirse que trajo el reino de los cielos a la tierra al infundir su espíritu en el poder temporal, al cual reconocía como otra manifestación de su propia autoridad.

Las luchas entre el poder temporal y el espiritual, que constituyen una parte tan importante de la historia de la Edad Media, no fueron el resultado de ningún antagonismo de ideas entre ambos, sino que surgieron de la tendencia de una de las partes de la gran organización de la sociedad a absorber a la otra, sin rechazar su teoría.

En resumen, por un lado, la Iglesia era tan política y social como religiosa, mientras que, por el otro, el Estado era al menos tan religioso como político y social.

Por ejemplo, todas las grandes corporaciones, que fueron un rasgo tan destacado de la Edad Media, desde la cofradía de la caballería hasta los gremios de artesanos, eran por una parte instituciones religiosas, aunque por otra estaban concebidas con fines prácticos evidentes.

Asimismo, tanto en los médicos como en los abogados se reconocía formalmente un cierto carácter religioso, del cual aún persiste cierta sombra de memoria en sus prendas y fórmulas oficiales.

Como ejemplo de la estrecha vinculación con que esta idea de la gradación de rangos para la protección y el servicio se adhirió tanto a la política religiosa como a la secular de la Edad Media, podemos citar los Autos Sacramentales, en los cuales no solo el cielo y la tierra están provistos cada uno de su debida jerarquía, sino que el infierno también posee una constitución semejante.

Hay que recordar que el sencillo hombre medieval concebía el universo como dividido en tres partes: el cielo arriba, la tierra en medio y el infierno abajo, aunque esto fue modificado por los más instruidos mediante una curiosa mezcla de conocimientos casi tolemaicos.

Pero las relaciones entre los señores feudales, sus vasallos y sus siervos, como tales, solo nos muestran una cara de la sociedad de la Edad Media.

La tendencia a la asociación dentro de esa sociedad es uno de sus rasgos más marcados. De hecho, nada podía hacerse en aquellos días sin tal asociación. La vida parecía imposible para la mentalidad medieval sin la acción común.

67 Todos los hombres, como hemos visto, tanto grandes como pequeños, pertenecían a la gran corporación de la Iglesia; la condenación en este mundo y en el próximo era la única alternativa. Los eclesiásticos propiamente dichos, y aquellos especialmente consagrados a la vida religiosa, incluidos aquellos cuyo oficio era luchar por la Iglesia, se organizaban en órdenes estrictamente reguladas. Los nobles estaban unidos por los lazos de la cofradía de la caballería en una u otra de sus formas.

La producción y el intercambio estaban en manos de grandes asociaciones formadas por comerciantes y artesanos para la protección del comercio y la organización de la industria.

Las ciudades medievales tuvieron dos orígenes:

  • primero, estaba la ciudad, que era una supervivencia de la urbe de tiempos romanos y se encuentra principalmente en el sur de Europa, Italia, España, Francia, etc., aunque hay ejemplos en Bretaña y en el oeste de Alemania.
  • Y, a continuación, estaban las nuevas ciudades que surgieron por razones de conveniencia a partir de la «marca» y que, en su mayor parte, se incorporaron al sistema señorial feudal.

Los hombres libres —es decir, los propietarios de tierras de la marca— formaban una aristocracia municipal en estas ciudades incipientes, y de entre ellos se elegía al órgano de gobierno.

Cuando las villas comenzaron a constituirse en municipios mediante privilegios que les otorgaba su señor feudal, los antiguos habitantes semindependientes, que probablemente eran los supervivientes de la tribu conquistada, unidos a aquellos que habían acudido a la villa en busca de protección y comodidad, formaron una población de artesanos y comerciantes.

De entre ellos, los comerciantes, que traían y llevaban mercancías del este de Europa, principalmente de Bizancio —que seguía siendo el centro del comercio organizado como en el Bajo Imperio—, eran los más importantes en cuanto a posición, aunque muy pocos en número.

Ellos fueron los primeros fundadores del Gremio de Comerciantes, el cual, como su nombre indica, tenía una tendencia puramente comercial, aunque estaba organizado, como todas las asociaciones de la Edad Media, sobre bases cuasirreligiosas, e incluía algunas pervivencias de la hermandad de los hombres libres.

Una obra reciente sobre el Gremio de Comerciantes del Sr. Grosse demuestra de manera concluyente que no se derivo del antiguo Frith-gild; ni tampoco, por otra parte, 69 era idéntico a la corporación de las ciudades, ya que los no residentes podían ser miembros del mismo, mientras que los miembros de la corporación (Les Lineages, Geschlechte, Porterey, Ehrbarkeit, Patricians, etc.) estaban obligados a ser poseedores de las tierras que en su día fueron tribales.

Pero el principio de asociación estaba destinado a tener un mayor desarrollo entre las clases útiles de la época; a medida que la artesanía comenzó a incrementar su capacidad de producción, se fundaron gremios para los oficios especiales por toda Europa, hasta que abarcaron todos los sectores de la artesanía en el sentido más amplio de la palabra; así, el gremio de los aradores fue el más importante en las aldeas y pequeñas ciudades de Inglaterra.

La constitución de estos gremios seguía estrictamente el modelo recibido de las asociaciones medievales, pero se ocupaba también de los más mínimos detalles del oficio. Eran cuerpos jurídicos plenamente reconocidos, con la facultad de imponer sanciones por la infracción de sus normas especiales; y no tardaron en convertirse en partícipes del gobierno supremo de las ciudades, estando representados comúnmente en la corporación por miembros de su propio cuerpo.

En el período posterior de la Edad Media llegaron aún más lejos, y en no pocos casos los representantes de los gremios de artesanos desplazaron a la aristocracia original, a los hombres de los Linajes, Geschlechte o patricios.

Por ejemplo, hacia finales del siglo XV, en Zúrich, Hans Waldmann, el famoso burgomaestre de esa ciudad, que originalmente había sido miembro del gremio de curtidores, al alcanzar el poder modificó la constitución del ejecutivo —que al principio se había compuesto por mitad de la aristocracia municipal y por mitad de los gremialistas— y obtuvo una mayoría perpetua y definitiva para estos últimos al aumentar la proporción de sus representantes a dos tercios.

Aún antes de esto, en la segunda mitad del siglo XIV, el relato que nos ofrece Froissart sobre la famosa guerra de Gante y sus aliados contra su señor feudal, el conde de Flandes, nos muestra que la aristocracia municipal tenía escaso poder a menos que estuviera respaldada por los gremios artesanales.

Dondequiera que en Flandes los «gremios menores» (es decir, principalmente los artesanos) eran 71 poderosos, la corporación tenía que ceder y emprender la guerra contra el conde; donde los «gremios mayores» (como los marineros) dominaban, la corporación era capaz de mantener la ciudad para él.

En resumen, la corporación era la descendiente directa del mark, es decir, de la entidad tribal propietaria de tierras, y la tendencia común era que los gremios de artesanos suplantaran a esta aristocracia después de que los gremios de mercaderes hubieran quedado eclipsados por su creciente poder.

Podemos mencionar de nuevo que estas corporaciones y gremios, las asociaciones industriales en suma, fueron aceptadas como miembros legítimos y de pleno derecho de la jerarquía feudal. Es necesario ahora tomar nota de las relaciones entre ellos y los reyes y sus nobles.

Tan pronto como el feudalismo se volvió predominante en Europa, la marca tribal perdió su independencia y quedó bajo la dominación del barón o señor feudal, aunque gran parte de su constitución y la mayoría de sus costumbres permanecieron intactas bajo el señorío feudal,41 tal como lo habían hecho bajo la burocracia romana.

A medida que la 72 marca se consolidaba en ciudad, con la tierra adscrita a ella, comenzó a adquirir nuevos privilegios de sus nuevos señores, laicos y eclesiásticos. Estos privilegios fueron en su mayor parte comprados a los señores feudales bajo la compulsión de la necesidad de dinero, engendrada por las guerras en las que estaban envueltos, o, en los territorios de la Iglesia, por el amor desmedido a las construcciones suntuosas y las intrigas con Roma y las cortes extranjeras en las que participaban. Estos privilegios consistían principalmente en jurisdicción independiente, derechos de mercado y peajes, exención del servicio militar, etc., etc.

Era del interés de las ciudades favorecer el crecimiento del poder del rey o monarca, ya que este se hallaba lejos y su dominación era mucho menos real y mucho menos vexatoria que la del vecino feudal, su señor inmediato.

El rey, por su parte, siempre envuelto en disputas con su baronía, hallaba su interés en crear y apoyar corporaciones libres en las ciudades, frenando con ello el poder desmedido de sus vasallos; al mismo tiempo que la creciente producción de las ciudades enriquecía 73 su real hacienda, al crear una nueva fuente de recursos, más fácil de explotar que la que rendían los nobles militares.

Este proceso de obtención de la independencia de las crecientes ciudades medievales comenzó ya en el siglo XI y culminó en el XIV.

La primera carta inglesa fue concedida por Eduardo el Confesor.

En Francia, la primera carta se concedió a Le Mans en 1072, a Cambrai en 1076; le siguieron Laon, Beauvais, Amiens y otras ciudades.

En épocas posteriores, los propios reyes fundaron ciudades libres, como destacó Eduardo I, tanto en Guyena como en Inglaterra; Kingston upon Hull (hodie Hull) y Winchelsea son ejemplos de tales lugares que aún perduran, aunque la fortuna ha tratado a estas dos de maneras tan sumamente diferentes.

En España, en una época bastante temprana, el código visigodo, una mezcla de derecho romano y costumbre teutónica, reconoció las corporaciones de manera definitiva: el primer fuero se le concedió a León en 1020.

En Alemania, las ciudades eran en la alta Edad Media infantzgos de los vasallos del Imperio y estaban gobernadas por los obispos como sus vicarios; el proceso de emancipación consistió en que primero, en el siglo XII, los ciudadanos llevaron a cabo un gobierno codo a codo con el obispo, y en el siglo XIII se libraron de él ya fuera mediante compra o por la fuerza bruta, alcanzando así por fin la meta de depender directamente del Imperio.

Cuando esto se logró, quedaron más completamente liberadas que en ninguna otra parte de Europa y aseguraron su independencia mediante la formación de confederaciones de ciudades, de las cuales la Liga Hanseática fue la más famosa.

En Flandes, debido al gran desarrollo de la producción artesanal, las ciudades, aunque teóricamente no tan libres, eran lo suficientemente poderosas como para sostener una lucha con su señor feudal durante casi todo el siglo XIV, y no fueron aplastadas del todo, ni siquiera cuando la batalla de Roosebeke y la muerte de Felipe van Artevelde pusieron fin a la fase más dramática de dicha lucha.

Como ejemplo de lo completo que era el reconocimiento legal del estatus de estas ciudades, puede mencionarse que, en el segundo acto de la guerra con el conde de Flandes, cuando el joven Artevelde entraba en escena, la ciudad de Gante convocó bajo su estandarte a ciertos caballeros y señores para que le rindieran el debido servicio militar feudal, mientras estos mismos señores se hallaban en el campamento del conde preparándose para presentar batalla contra Gante; pero resulta evidente que el historiador reconoce plenamente el derecho de la ciudad en este asunto, aunque aplaude la negativa de los vasallos por razones de "caballerosidad".

Notas al pie

  1. Véase el libro de Gomme Village Communities.Back

Capítulo anterior | Siguiente capítulo | Socialismo: Índice | Obras | Archivo de William Morris

9