El prejuicio de los ingleses a favor de su propio gobierno de rey, lores y comunes surge tanto o más del orgullo nacional que de la razón.
Los individuos están indudablemente más seguros en Inglaterra que en algunos otros países, pero la VOLUNTAD del rey es tanto la LEY del país en Gran Bretaña como en Francia, con esta diferencia: que en lugar de proceder directamente de su boca, se le entrega al pueblo bajo la forma más temible de un acta del parlamento.
Pues la suerte de Carlos primero solo ha vuelto a los reyes más sutiles, no más justos.
Por tanto, dejando a un lado todo orgullo nacional y prejuicio en favor de los modos y las formas, la pura verdad es que SE DEBE ENTERAMENTE A LA CONSTITUCIÓN DEL PUEBLO, Y NO A LA CONSTITUCIÓN DEL GOBIERNO, que la corona no sea tan opresiva en Inglaterra como en Turquía.
Una investigación sobre los ERRORES CONSTITUCIONALES en la forma inglesa de gobierno es en este tiempo sumamente necesaria; pues así como nunca estamos en condiciones adecuadas de hacer justicia a los demás mientras sigamos bajo la influencia de alguna parcialidad dominante, tampoco somos capaces de hacérnosla a nosotros mismos mientras permanezcamos encadenados por algún prejuicio obstinado. Y así como un hombre que está apegado a una prostituta es incapaz de elegir o juzgar a una esposa, cualquier preposesión en favor de una constitución de gobierno podrida nos incapacitará para discernir una buena.