criadores alterar la forma de cada parte de estas aves, y jamás han hallado ausentes las variaciones requeridas. La forma, el tamaño y la hechura del pico y de las patas se han modificado hasta tal punto que solo se encuentra en géneros distintos de aves silvestres; el número de plumas de la cola se ha incrementado —un carácter que suele ser de los más permanentes y de alta importancia en la clasificación de las aves—, y el tamaño, el color y los hábitos también se han transformado de un modo maravilloso. En los perros, el grado de modificación y la facilidad con que se efectúa resultan casi igual de patentes. ¡Consideremos la constante cantidad de variación en direcciones opuestas que debe de haberse estado produciendo para desarrollar el caniche y el lebrel a partir de un mismo tronco original! Los instintos, los hábitos, la inteligencia, el tamaño, la velocidad, la forma y el color siempre han variado, de tal manera que han dado lugar precisamente a aquellas razas que las necesidades, los caprichos o las pasiones de los hombres los hayan llevado a desear. Ya quisieran un bulldog para torturar a otro animal, un lebrel para atrapar una liebre o un sabueso para dar caza a sus oprimidos semejantes, las variaciones requeridas siempre han hecho su aparición.
Ahora bien, toda esta gran masa de hechos, de los cuales aquí se ha dado un mero esbozo, se explica plenamente mediante la «Ley de Variación» tal como se formuló al comienzo de este artículo. La variabilidad universal —de escasa magnitud pero en todas direcciones, fluctuando siempre en torno a una condición media hasta ser inducida a avanzar en una dirección dada por la «elección», natural o artificial— es la base simple de la modificación indefinida de las formas de vida; el hombre produce modificaciones parciales, desequilibradas y consecuentemente inestables, mientras que aquellas desarrolladas bajo la acción incesante de las leyes naturales se hallan, a cada paso, autoajustadas a las condiciones externas mediante la extinción de todas las formas no ajustadas, y son por tanto estables y comparativamente permanentes.