Quarterly Review* sobre estos temas. Ahora bien, es curioso que el viejito mismo carezca por completo de religiosidad. No es un maldito quisquilloso”.
—¿Lo conoces?
Hurree Babu levantó la mano para mostrar que estaba ocupado en los ritos prescritos que acompañan al lavado de dientes y cosas por el estilo entre los bengalíes de buena educación. Luego recitó en inglés una oración de la Arya-Somaj de índole deísta, y se llenó la boca de pan y betel.
“Oah sí. Le he encontrado varias veces en Benarés, y también en Buddh Gaya, para interrogarle sobre cuestiones religiosas y culto al diablo. Es un puro agnóstico—igual que yo”.
Huneefa se revolvió en sueños, y Hurree Babu dio un salto nervioso hacia el incensario de cobre, negruzco y descolorido por la luz de la mañana, se frotó un dedo con el hollín acumulado y se lo pasó en diagonal por la cara.