76. La Escuela bajo el régimen burgués.
En la sociedad burguesa, la escuela tiene tres tareas principales que cumplir:
- Primero, infunde en la futura generación de trabajadores devoción y respeto por el régimen capitalista.
- Segundo, crea a partir de los jóvenes de las clases dominantes controladores «cultos» de la población trabajadora.
- Tercero, ayuda a la producción capitalista en la aplicación de las ciencias a la técnica, aumentando así los beneficios capitalistas.
En cuanto a la primera de estas tareas, así como en el ejército burgués el “buen espíritu” es inculcado por los oficiales, también en las escuelas bajo el régimen capitalista la influencia necesaria es ejercida principalmente por la casta de los “oficiales de la ilustración popular”.
Los maestros de las escuelas elementales públicas reciben un curso especial de formación mediante el cual son preparados para su papel de domadores de bestias. Únicamente las personas que han adquirido a fondo la perspectiva burguesa tienen acceso a las escuelas como profesores. Los ministerios de educación del régimen capitalista están siempre en guardia y depuran implacablemente al magisterio de todos los elementos peligrosos (con lo que quieren decir socialistas).
Las escuelas elementales públicas alemanas sirvieron, antes de la revolución, como complementos de los cuarteles de Guillermo II y fueron brillantes ejemplos de la manera en que los grandes terratenientes y la burguesía pueden valerse de la escuela para la fabricación de esclavos fieles y ciegos del capital.
En las escuelas elementales del régimen capitalista, la enseñanza se imparte de acuerdo con un programa definido, perfectamente adaptado para domar a los alumnos con vistas al sistema capitalista. Todos los libros de texto están redactados con el espíritu adecuado. Toda la literatura burguesa cumple el mismo fin, pues está escrita por personas que consideran el orden social burgués como natural, imperecedero y el mejor de todos los regímenes posibles.
De este modo, los escolares son alimentados imperceptiblemente con ideología burguesa; son infectados de entusiasmo por todas las virtudes burguesas; son inspirados con estima por la riqueza, la fama, los títulos y las condecoraciones; aspiran a triunfar en el mundo, anhelan la comodidad personal, etcétera.
La labor de los educadores burgueses es completada por los servidores de la iglesia con su instrucción religiosa. Gracias a las íntimas asociaciones entre el capital y la iglesia, la ley de Dios resulta ser invariablemente la ley de las clases poseedoras.1
En la sociedad capitalista, el segundo objetivo principal de la educación burguesa se garantiza privando cuidadosamente a las masas trabajadoras de la educación secundaria y superior.
La enseñanza en las escuelas medias, y más aún en los institutos de enseñanza superior, es extremadamente costosa, por lo que escapa por completo a los recursos financieros de los trabajadores. El ciclo de instrucción, en la educación media y superior, dura diez años o más. Por esta razón es inaccesible para el obrero y el campesino quienes, para alimentar a sus familias, se ven obligados a enviar a sus hijos a una edad muy temprana al trabajo de las fábricas o del campo, o bien deben poner a los jóvenes a trabajar en el hogar.
En la práctica real, las escuelas medias y superiores son cotos reservados para la juventud burguesa. En ellas, los miembros más jóvenes de las clases gobernantes se forman para suceder a sus padres en carreras de explotación, o para ocupar los puestos oficiales y técnicos del Estado capitalista.
En estas escuelas, asimismo, la enseñanza tiene un carácter netamente de clase.
- En los dominios de las matemáticas, la técnica industrial y las ciencias naturales, esto puede ser menos llamativo;
- pero el carácter de clase de la enseñanza es ostensible en el caso de las ciencias sociales, mediante las cuales se forma en realidad la visión del mundo de los alumnos.
La economía política burguesa se inculca con todos los métodos más perfeccionados para la «aniquilación de Marx». La sociología y la historia se enseñan asimismo desde una perspectiva puramente capitalista. La historia de la jurisprudencia concluye con el tratamiento de la jurisprudencia burguesa como el derecho natural «del hombre y del ciudadano»; etcétera, etcétera.
En resumen, las escuelas superiores y medias enseñan a los hijos de los capitalistas todos los datos que son necesarios para el mantenimiento de la sociedad burguesa y de todo el sistema de explotación capitalista. Si alguno de los hijos de los trabajadores, por ser excepcionalmente dotado, lograra abrirse paso hacia las escuelas superiores, en la gran mayoría de los casos el aparato escolar burgués servirá como medio para arrancarlos de sus propios parientes de clase y les inoculará la ideología burguesa, de modo que a la larga el genio de estos vástagos de la clase trabajadora será aprovechado para la opresión de los trabajadores.
Volviéndonos, finalmente, hacia la tercera tarea de la educación capitalista, encontramos que la escuela la cumple de la siguiente manera.
En una sociedad de clases donde el capitalismo es dominante, la ciencia está divorciada del trabajo. No sólo se convierte en propiedad de las clases poseedoras. Más que esto, se convierte en la profesión de un círculo pequeño y comparativamente estrecho de individuos. La instrucción científica y la investigación científica están divorciadas del proceso de trabajo.
Para poder valerse de los datos de la ciencia y sacar provecho de ellos en la producción, la sociedad burguesa tiene que crear una serie de instituciones que sirvan para la aplicación de los descubrimientos científicos a la técnica manufacturera; y tiene que crear una serie de escuelas técnicas que faciliten el mantenimiento de la producción al nivel que hace posible el avance de la ciencia «pura» —con lo cual se entiende la ciencia divorciada del trabajo—.
Además, las escuelas politécnicas de la sociedad capitalista no sólo sirven para abastecer a la sociedad capitalista de expertos técnicos; suministran además a aquellos que actuarán como gerentes, aquellos que funcionarán como «capitanes de la industria». Asimismo, para proveer al personal que supervisará la circulación de mercancías, se han fundado numerosas escuelas y academias comerciales.
En todas estas organizaciones, todo lo que esté vinculado con la producción perdurará. Pero todo lo que concierne meramente a la producción capitalista se extinguirá.
Persistirá todo lo que promueva el avance de la ciencia; perecerá aquello que promueva la separación entre la ciencia y el trabajo.
Se preservarán los métodos de instrucción técnica —pero la instrucción en métodos técnicos totalmente al margen de la realización de trabajo físico será abolida—.
Se preservará y ampliará la utilización de la ciencia para impulsar la producción. Por otra parte, cualquier obstáculo para dicha utilización de la ciencia, en la medida en que el capital tienda a utilizar la ciencia únicamente en el grado en que en un momento dado la ciencia tienda a elevar las ganancias, será barrido del camino.
77. Las tareas destructivas del comunismo.
En el terreno de la educación, como en todos los demás, el Partido Comunista no se enfrenta meramente a tareas constructivas, ya que en las fases iniciales de su actividad se enfrenta asimismo a tareas destructivas. En el sistema educativo que le ha legado la sociedad capitalista, debe apresurarse a destruir todo aquello que ha hecho de la escuela un instrumento de dominación de la clase capitalista.
En la sociedad capitalista, las etapas superiores de la vida escolar eran propiedad exclusiva de las clases explotadoras. Tales escuelas, en su interminable serie de escuelas clásicas superiores, escuelas modernas superiores, institutos, cuerpos de cadetes, etc., tienen que ser destruidas.
El personal docente de las escuelas burguesas servía a los propósitos de la cultura burguesa y del engaño. Debemos expulsar implacablemente de la escuela proletaria a todos aquellos maestros de las viejas escuelas que no pueden o no quieren convertirse en instrumentos para la ilustración comunista de las masas.
En las escuelas del viejo régimen se contrataba a profesores que habían sido indoctrinados con el espíritu burgués; en estas escuelas se practicaban métodos de enseñanza que servían a los intereses de clase de la burguesía.
En nuestras nuevas escuelas, debemos hacer borrón y cuenta nueva con todo eso.
La vieja escuela estaba íntimamente asociada con la religión —mediante la enseñanza religiosa obligatoria, la asistencia obligatoria a las oraciones y la asistencia obligatoria a la iglesia—.
La nueva escuela expulsa por la fuerza la religión de entre sus muros, bajo cualquier apariencia con que busque entrar y en cualquier forma diluida que los grupos de padres reaccionarios deseen arrastrarla de vuelta.
La vieja universidad creó una cerrada corporación de profesores, un gremio docente, que impidió la introducción de nuevas fuerzas docentes en la universidad.
La cerrada corporación de profesores burgueses debe ser disuelta, y las cátedras universitarias deben abrirse a todos los instructores competentes.
Bajo el zar, el ruso era el único idioma admisible en el servicio del Estado y en la escuela; a los súbditos no rusos del zar no se les permitía recibir instrucción en su lengua materna.
En las nuevas escuelas, todo rastro de opresión nacional desaparece del ámbito de la instrucción, ya que los de todas las nacionalidades tienen derecho a recibir educación en sus respectivas lenguas.
78. La Escuela como Instrumento de Educación e Ilustración comunista.
La burguesía comprende una minoría muy pequeña de la población. Esto, sin embargo, no le impide complementar los demás instrumentos de opresión de clase mediante el uso de la escuela para educar y domesticar a los millones de trabajadores, para inoculárseles la ideología burguesa. De este modo, la mayoría de la población se ve constreñida a aceptar la perspectiva y la moralidad de una fracción numéricamente insignificante.
En los países capitalistas, el proletariado y el semiproletariado constituyen la mayoría de la población. En Rusia, los obreros urbanos, aunque son una minoría, se han convertido en cuestiones políticas en los dirigentes y organizadores de la lucha en nombre de todos los trabajadores.
Es natural, por tanto, que el proletariado urbano, habiendo tomado el poder, lo use principalmente con este fin: elevar a todos los estratos atrasados de la población trabajadora al nivel requerido de conciencia comunista.
La burguesía utilizó la escuela para la esclavización de todos los que viven del trabajo. El proletariado utilizará la escuela para emanciparlos, para barrer los últimos rastros de esclavitud espiritual de la conciencia de los trabajadores.
Gracias a las escuelas, la burguesía pudo imponer a los niños proletarios una mentalidad burguesa. La tarea de las nuevas escuelas comunistas es imponer a los niños burgueses y pequeñoburgueses una mentalidad proletaria.
En el reino de la mente, en la esfera psicológica, la escuela comunista debe llevar a cabo el mismo derrocamiento revolucionario de la sociedad burguesa, debe efectuar la misma expropiación que el Poder Soviético ha efectuado en la esfera económica mediante la nacionalización de los medios de producción.
Las mentes de los hombres deben ser preparadas para las nuevas relaciones sociales. Si a las masas les resulta difícil construir una sociedad comunista, esto se debe a que en muchos departamentos de la vida mental todavía tienen ambos pies firmemente plantados en el suelo de la sociedad burguesa, a que todavía no se han liberado de los prejuicios burgueses.
En parte, por consiguiente, es tarea de la nueva escuela adaptar la mentalidad de los adultos a las condiciones sociales cambiantes. Más aún, sin embargo, es tarea de la nueva escuela formar a una generación más joven cuya ideología entera esté profundamente arraigada en el suelo de la nueva sociedad comunista.
El logro de este fin debe ser promovido por todas nuestras reformas educativas, algunas de las cuales ya han sido inauguradas, mientras que otras aún esperan su realización.
79. Preparación para la vida escolar.
En la sociedad burguesa, el hijo es considerado propiedad de sus padres; si no por completo, al menos en gran medida.
Cuando los padres dicen «Mi hija», «Mi hijo», las palabras no implican simplemente la existencia de una relación parental, sino que también expresan el punto de vista de los padres de que tienen derecho a educar a sus propios hijos.
Desde la perspectiva socialista, tal derecho no existe. El ser humano individual no se pertenece a sí mismo, sino a la sociedad, al género humano. El individuo solo puede vivir y prosperar gracias a la existencia de la sociedad. El niño, por tanto, pertenece a la sociedad en la que vive y gracias a la cual ha llegado a la existencia; y esta sociedad es algo más amplio que la «sociedad» de sus propios padres.
A la sociedad le corresponde asimismo el derecho primario y fundamental de educar a los niños. Desde este punto de vista, la pretensión de los padres de criar a sus propios hijos y grabar así en la psicología de estos sus propias limitaciones, no solo debe ser rechazada, sino que debe ser completamente desestimada sin discusión.
La sociedad puede encomendar la educación de los niños a los padres; pero puede negarse a hacer tal cosa; y con mucha más razón debe negarse la sociedad a confiar la educación a los padres, dado que la facultad de educar a los niños se encuentra mucho más raramente que la de engendrarlos.
De cada cien madres, encontraremos tal vez una o dos que sean educadoras competentes.
El futuro pertenece a la educación social. La educación social hará posible que la sociedad socialista formará a la generación venidera con el mayor éxito, al menor costo y con el menor gasto de energía.
La educación social de los niños debe realizarse, por tanto, por otras razones además de las pedagógicas. Tiene enormes ventajas económicas.
Cientos de miles, millones de madres quedarán así liberadas para el trabajo productivo y para la autoeducación. Se verán libres de la rutina aniquiladora de las tareas domésticas y del ciclo interminable de pequeños deberes que implica la educación de los niños en sus propios hogares.
Por esta razón, el Poder Soviético se esfuerza por crear una serie de instituciones para el mejoramiento de la educación social, las cuales tienen el propósito de universalizarla gradualmente.
A esta clase de instituciones pertenecen los jardines de infancia, a los que los obreros manuales, oficinistas, etc., pueden enviar a sus hijos, confiándolos así a expertos que prepararán a los niños para la vida escolar.
A esta categoría pertenecen también los hogares o jardines de infancia residenciales.
Existen asimismo colonias infantiles, donde los niños viven de forma permanente, o durante un período considerable, lejos de sus padres.
Además, están las Cunas, instituciones para la recepción de niños menores de cuatro años; en estas se cuida a los pequeños mientras sus padres están en el trabajo.
Por consiguiente, el Partido Comunista debe, por una parte, asegurar, mediante el funcionamiento de las instituciones soviéticas, que haya un desarrollo más rápido de los lugares donde se prepara a los niños para la vida escolar, y debe garantizar que haya una mejora constante en la formación impartida en dichos lugares.
Por otra parte, mediante una propaganda intensificada entre los padres, el partido debe superar los prejuicios burgueses y pequeñoburgueses acerca de la necesidad y superioridad de la educación en el hogar. Aquí la propaganda teórica debe verse reforzada por el ejemplo de las instituciones educativas mejor dirigidas del Poder Soviético.
Demasiado a menudo, el estado insatisfactorio de los hogares, las cunas, los jardines de infancia, etc., disuade a los padres de confiarles a sus hijos. Debe ser tarea del Partido Comunista, y en especial de las secciones de mujeres, inducir a los padres a luchar por la mejora de la educación social, no manteniéndose al margen de ella, sino enviando a sus hijos a las instituciones apropiadas y ejerciendo el control más amplio posible sobre ellas a través de las organizaciones de padres.
80. La Escuela del Trabajo unificada.
Las instituciones preparatorias son para los niños de hasta siete años.
A partir de esa edad, la educación y la instrucción deben llevarse a cabo en la escuela, no en el hogar.
- La educación debe ser obligatoria, lo que marca un gran avance respecto a la época zarista.
- Debe ser gratuita, y esto también marca un gran avance, ya que incluso en los países burgueses más progresistas solo la educación elemental es gratuita.
- La educación está abierta naturalmente a todos, pues los privilegios educativos y culturales de grupos especiales de la población han sido abolidos ahora.
- Se pone a disposición de todos los niños, desde los siete hasta los diecisiete años, una educación universal, igualitaria y obligatoria.
La escuela debe ser unificada. Esto significa, ante todo, que debe abolirse la segregación de los sexos en la escuela, que los niños y las niñas deben ser educados juntos, que debe haber coeducación.
La unificación significa, además, la abolición de la clasificación de las escuelas en escuelas elementales, medias y superiores, que no tienen conexión alguna entre sí y que trabajan de acuerdo con programas completamente independientes unos de otros.
Implica que ya no debe haber una división de las escuelas elementales, medias y superiores en escuelas de carácter general, por un lado, y escuelas especializadas o técnicas, por el otro, ni en escuelas comunes y escuelas para clases especiales de la población.
La escuela unificada proporciona un único sistema gradual, por el cual todo educando de la república socialista puede y debe transitar. Los niños y las niñas comenzarán en el jardín de infancia y avanzarán juntos por todas las etapas hasta la cima. Esto concluirá la educación general obligatoria y también aquella educación técnica que sea obligatoria para cada alumno.
Para nuestros lectores será evidente que la escuela unificada no es meramente el ideal de todo educador avanzado, sino que es el único tipo de escuela posible en una sociedad socialista, es decir, en una sociedad sin clases o en una que se esfuerza por abolir las clases. Solo el socialismo puede realizar este ideal de la escuela unificada, aunque ciertos educadores burgueses hayan abrigado aspiraciones hacia ella.
La escuela de la república socialista debe ser una escuela del trabajo. Esto significa que la instrucción y la educación deben unirse al trabajo y deben basarse en el trabajo.
El asunto es importante por muchas razones. Es importante, ante todo, por su relación con el éxito de la instrucción. Un niño aprende más fácilmente, con más agrado y más a fondo aquello que aprende, no de los libros o de las palabras del maestro, sino a partir de la experiencia personal de lo que hace con sus propias manos.
Podemos comprender mejor nuestro entorno natural cuando nos ponemos a trabajar en la naturaleza en nuestros intentos por modificarla. Esta unificación de la instrucción con el trabajo ya ha comenzado en las escuelas burguesas más progresistas. Sin embargo, es imposible llevarla a cabo a fondo en el sistema burgués, en el que se cultivan deliberadamente elementos parásitos y en el que el trabajo físico está separado del trabajo mental por un abismo infranqueable.
El trabajo es necesario, no solo para el sano desarrollo físico de los niños, sino también para el debido desarrollo de todas sus facultades. La experiencia demuestra que el tiempo que pasan en la escuela dedicados al trabajo práctico, lejos de retardar su progreso en todo tipo de conocimiento teórico, contribuye en gran medida a su avance en el terreno teórico.
Finally, for communist society, the labour school is absolutely indispensahle.
Every citizen in such a society must be acquainted with the elements, at least, of all crafts. In communist society there will be no close corporations, no stereotyped guilds, no petrified specialist groups. The most brilliant man of science must also be skilled in manual labour.
To the pupil who is about to leave the unified labour school, communist society says:
“You may or may not become a professor; but in any case you must produce values.”
A child’s first activities take the form of play; play should gradually pass into work by an imperceptible transition, so that the child learns from the very outset to look upon labour, not as a disagreeable necessity or as a punishment, but as a natural and spontaneous expression of faculty. Labour should be a need, like the desire for food and drink; this need must be instilled and developed in the communist school.
En la sociedad comunista, con su vigoroso progreso técnico, se producirán inevitablemente traslados vastos y rápidos de fuerza de trabajo de un departamento a otro.
Por ejemplo, un descubrimiento en la industria del tejido o del hilado puede reducir la necesidad de tejedores e hiladores, y puede aumentar el número de trabajadores requeridos para el cultivo del algodón.
En tales casos, una redistribución de las energías y de las ocupaciones será esencial, y solo podrá llevarse a cabo con éxito si cada trabajador de la sociedad comunista es maestro de varios oficios.
La sociedad burguesa hace frente a estas dificultades mediante el expediente del ejército industrial de reserva, lo que significa que siempre hay un residuo mayor o menor de desempleados.
En la sociedad comunista no habrá ningún ejército de desempleados.
La reserva de trabajadores requerida para cualquier rama de la producción en la que se manifieste una escasez de fuerza de trabajo se constituirá mediante la competencia de los trabajadores de otras ramas de la producción para ocupar las vacantes.
La escuela de trabajo unificada, y nada más que ella, puede proporcionar la formación de trabajadores que sean capaces de desempeñar las más diversas funciones de la sociedad comunista.
81. Educación Especializada.
Hasta la edad de diecisiete años, todos los jóvenes de la república deben asistir a la escuela unificada de trabajo, adquiriendo allí la suma de conocimientos teóricos y prácticos indispensables para todo ciudadano de la sociedad comunista.
Pero la instrucción no debe terminar ahí. Se requiere conocimiento especializado además de conocimiento general. La totalidad de las ciencias más indispensables es tan vasta que ningún individuo puede abarcarla en su totalidad.
La unificación de la educación en la escuela unificada de trabajo no pretende en modo alguno excluir la formación especializada. Nuestro objetivo es meramente posponer la formación especializada hasta que se alcance la última etapa.
Ya durante las últimas etapas del trabajo en la escuela unificada de trabajo, en el caso de los alumnos de entre catorce y seventeen años, la inclinación hacia una u otra ocupación se manifestará indefectiblemente. No solo es posible, sino también necesario, dar salida al deseo natural de una familiarización más íntima con determinadas ciencias. Pero, por supuesto, esto no debe hacerse en detrimento del programa educativo general de la escuela de trabajo.
La verdadera formación especializada no debe comenzar, sin embargo, hasta después de los diecisiete años.
El límite de edad se selecciona por diversas razones. Hasta los diecisiete años, los alumnos de la escuela del trabajo son escolares más que trabajadores. El objetivo fundamental de los procesos de trabajo en la escuela no es el de crear valores y contribuir al presupuesto del Estado, sino el de impartir instrucción.
Después de los diecisiete años, el alumno se convierte en trabajador. Debe cumplir con su cuota de trabajo, debe desempeñar su papel debido en la producción de bienes para la comunidad humana. Solo puede recibir instrucción especializada en la medida en que primero haya cumplido con su deber fundamental hacia la sociedad.
Por esta razón, como es justo, la instrucción especializada para los jóvenes mayores de diecisiete años solo puede impartirse fuera del horario laboral. Con el avance de la técnica de fabricación, podemos esperar que la jornada laboral sea inferior a las ocho horas, y de este modo se proporcionará a cada miembro de la sociedad comunista tiempo de sobra para la educación especializada.
En ciertos casos, y cuando se trate de personas con talento inusual, puede resultar conveniente hacer excepciones en forma de exención del trabajo durante un cierto número de años, con el fin de proporcionar oportunidades para el estudio o el trabajo de investigación. Si la exención total del trabajo pareciera inconveniente para el interés social, podrá haber una reducción especial de la jornada laboral para tales individuos.
82. La Universidad.
En la actualidad todavía es imposible prever con precisión qué carácter adoptarán las escuelas superiores de formación especializada bajo el comunismo.
Probablemente serán de varios tipos. Habrá lugares donde se impartirán cursos breves. Habrá politécnicos y escuelas de laboratorio, en las que se impartirá instrucción al mismo tiempo que se lleva a cabo investigación experimental; en ellas, toda distinción entre profesores y estudiantes habrá desaparecido.
Pero ya hoy podemos tener la absoluta seguridad de que las universidades en su forma actual, con sus actuales plantillas de profesores, han dejado de ser instituciones útiles. Llevan un paso más allá el mismo tipo de instrucción que se proporcionaba en las escuelas secundarias burguesas del viejo tipo.
Por el momento, estas universidades pueden reformarse impregnando las plantillas de profesores con la incorporación de personas que tal vez no alcancen el nivel de los «especialistas cultos de la sociedad burguesa», pero que serán plenamente competentes para llevar a cabo la revolución necesaria en la enseñanza de las ciencias sociales, y podrán expulsar a la cultura burguesa de su último refugio.
Además, la composición de la audiencia cambiará, ya que la mayoría de los estudiantes serán obreros y, por supuesto, de este modo la ciencia técnica pasará a ser posesión de la clase trabajadora. Pero la asistencia de los obreros a las universidades implicará necesariamente su sostenimiento a expensas del Estado durante todo el período de instrucción.
Todo esto se considera en la sección educativa del programa del partido. (Véanse las págs. 387-9.)
83. Escuelas soviéticas y escuelas del partido.
Durante el régimen de Kerenski, el aparato escolar zarista se mantuvo prácticamente intacto. El Partido Comunista, tras alcanzar el poder, se propuso destruir este aparato por completo.
Sobre las ruinas de la antigua escuela de clases, los comunistas han comenzado la construcción de la escuela de trabajo unificada, como embrión de la escuela de trabajo normal de la sociedad comunista.
Se están esforzando por erradicar de la universidad burguesa todo lo que solía promover el mantenimiento del dominio capitalista. El conocimiento que se ha acumulado durante las edades en que las clases poseedoras estaban en el poder, se está haciendo accesible a todos los trabajadores.
Así se está comenzando la construcción del tipo normal de universidad para la sociedad comunista.
Pero entre todas las ciencias conocidas por la cultura burguesa, no había ni una sola que diera información alguna sobre cómo debía llevarse a cabo la revolución proletaria. Entre todas las escuelas que la burguesía ha fundado y que la sociedad comunista ha comenzado a reconstruir, no hubo ni una sola que enseñara cómo se ha de edificar el Estado proletario. El período de transición entre el capitalismo y el comunismo ha dado a luz a un tipo especial de escuela, destinada a ser útil a la revolución en curso y a ayudar en la construcción del aparato soviético. Tales eran los objetivos de las escuelas del partido y de los sóviets que han surgido ante nuestros propios ojos, con el fin de impartir cursos de instrucción breves y ocasionales, y que están siendo transformadas en instituciones permanentes para la formación de aquellos que trabajan en el partido y en los sóviets. La transformación era inevitable. La edificación de un Estado soviético es una empresa enteramente nueva. No hay precedente histórico para algo semejante. La labor de las instituciones soviéticas se desarrolla y mejora día a día; para el éxito es fundamental que cada trabajador en los sóviets pueda valerse de toda la experiencia de sus predecesores. La autoeducación en el trabajo administrativo, tal como puede lograrse mediante la participación de todos los trabajadores en los sóviets, parecería ser insuficiente. Esta experiencia debe ser recogida, sistematizada, elaborada y puesta a disposición de todos los trabajadores dedicados a la edificación del sistema soviético, de modo que cada relevo de trabajadores que llega para participar en la administración pueda librarse de cometer las faltas de sus predecesores; para que los recién llegados puedan aprender, no de sus propios errores, sino de los errores cometidos por otros, y por los cuales el Estado ya ha tenido que pagar una vez. Ahora las escuelas para el trabajo soviético deben servir también a este fin, y ya tenemos en la República Soviética una escuela central de trabajo soviético en el Comité Ejecutivo Central Panruso, la cual es una escuela permanente. Pronto, sin duda, se establecerán escuelas similares de trabajo soviético en las capitales de todas las provincias.
Pasando ahora a considerar las escuelas del partido, hallamos que estas han experimentado un cambio radical de carácter durante el período de transición efectiva al comunismo.
Al principio eran las escuelas de un partido determinado, sostenidas por el proletariado, y en esta etapa tenían un carácter puramente político. Ahora se han convertido en lugares donde se imparte instrucción sobre la transformación comunista de la sociedad y, por tanto, son escuelas del Estado. Al mismo tiempo, son academias militares para los fines de la guerra civil.
Solo ha sido gracias a estas escuelas que el proletariado ha podido formarse una idea de la importancia objetiva de la transformación que está experimentando de manera medio inconsciente, casi instintiva —pues por ahora solo se percata de los objetivos concretos más estrechos y es incapaz de comprender la naturaleza del proceso revolucionario en su conjunto—.
Las escuelas del partido no solo son capaces de proporcionar al proletariado una explicación científica de la naturaleza y el objetivo de la revolución, sino que también pueden enseñar a los trabajadores cómo alcanzar las metas de la revolución por la ruta más corta y con el menor gasto de esfuerzo.
84. Instrucción extraescolar.
Bajo el régimen zarista, la inmensa mayoría de la población trabajadora fue mantenida deliberadamente en un estado permanente de ignorancia y analfabetismo.
La autocracia legó un porcentaje enorme de analfabetos al Poder Soviético, el cual se ha visto naturalmente obligado a adoptar medidas heroicas para librarse de semejante herencia.
Los departamentos de instrucción pública han abierto escuelas para adultos incapaces de leer y escribir, y han tomado una serie de medidas adicionales para acabar con el analfabetismo.
Pero aparte de la utilización del aparato escolar del Comisariado de Educación, el Partido Comunista debe hacer todo lo posible para garantizar que las masas aprovechen las oportunidades que se ofrecen para la instrucción de los analfabetos.
- Aquí los sóviets de cultura popular, elegidos entre todos los obreros y campesinos interesados en cuestiones educativas, deben desempeñar su papel.
- Otro medio adicional ha sido la movilización de todos los que saben leer y escribir para la instrucción de todos los analfabetos.
Dicha movilización está comenzando en varias partes de la república, y es tarea del partido garantizar que el movimiento se lleve a cabo en todas partes de acuerdo con un plan bien definido.
Además de proseguir la lucha contra el analfabetismo, el Poder Soviético debe dedicar mucha energía y abundantes medios materiales a la asistencia de las iniciativas de autoeducación de la población, y en especial de los adultos.
Se han inaugurado numerosas bibliotecas para satisfacer las demandas de la población trabajadora. Siempre que ha sido posible, se han establecido casas del pueblo y clubes, y se han creado universidades populares.
El cine, que hasta ahora ha servido como medio para desmoralizar a las masas y para enriquecer a los propietarios, se está convirtiendo gradualmente, aunque con mucha lentitud, en uno de los instrumentos más potentes para la ilustración de las masas y para su educación en el espíritu del socialismo.
Los cursos de conferencias de diversos tipos, gratuitos y accesibles para todos, pueden convertirse ahora, gracias a la reducción de la jornada laboral, en un patrimonio general de los trabajadores.
En el futuro, revestirá una gran importancia para la labor de ilustración la cuidadosa organización de excursiones de vacaciones, que permitirán a los trabajadores familiarizarse con su propia tierra y con el mundo extranjero. No cabe duda de que en los días venideros tales excursiones tendrán una importancia inmensa para los trabajadores de todos los países.
85. Nuevos trabajadores en nombre de la Ilustración.
Las reformas educativas del Poder Soviético han tenido más éxito que las reformas e innovaciones llevadas a cabo en cualquier otro departamento.
Existe una razón adicional para esto, además del hecho de que el Estado soviético destina a la educación popular una proporción enormemente mayor de sus ingresos que la que cualquier Estado burgués dedica a este fin.
Más allá de esto, debemos recordar que el camino para la realización de la idea de la escuela laboral unificada ya había sido preparado en medida notable por los educadores más avanzados de la sociedad burguesa. Los principales educadores rusos han podido realizar en la práctica bajo el régimen soviético, en una medida notable, aquello que desde una perspectiva puramente pedagógica ya habían llegado a considerar socialmente necesario.
Entre los trabajadores de la educación que se han pasado del bando de la burguesía y de los terratenientes al bando del Poder Soviético, encontramos a un buen número de individuos que fueron y siguen siendo opuestos a la revolución proletaria en general, pero que están firmemente a favor de la revolución que el proletariado ha llevado a cabo en el campo educativo.
Estas condiciones favorables, sin embargo, de ningún modo bastan para superar las dificultades del Estado proletario en lo que concierne a la provisión de trabajadores educativos verdaderamente comunistas.
El número de comunistas entre los maestros, al igual que entre los especialistas en general, no es más que una minoría insignificante. La mayoría de los docentes se oponen al comunismo. La mayoría de ellos, sin embargo, son personas con una mentalidad de funcionarios, dispuestas a servir a cualquier gobierno y a trabajar según cualquier plan de estudios, pero con una predilección especial por un programa que era familiar para sus padres y abuelos.
En lo que respecta a este asunto, por consiguiente, los comunistas tienen una doble tarea.
- En primer lugar, deben movilizar a todos los mejores elementos del magisterio y, mediante una actividad intensificada, crear entre ellos núcleos de esfuerzo comunista.
- En segundo lugar, el Partido Comunista tiene que crear a partir de la generación más joven una escuela de educadores completamente nueva, compuesta por personas que desde el principio se hayan formado en el espíritu del comunismo y, sobre todo, en el espíritu del programa educativo comunista.
86. Los tesoros del arte y de la ciencia puestos a disposición de los trabajadores.
Bajo el capitalismo, el talento es considerado como propiedad privada de su poseedor inmediato y se le mira como un medio de enriquecimiento. En la sociedad capitalista, el producto de la actividad talentosa es una mercancía que puede venderse a un precio u otro y, por tanto, pasa a ser posesión de la persona con la billetera más abultada.
Una obra de genio, algo de infinita trascendencia social y cuya naturaleza esencial es la de una creación colectiva, puede ser comprada por un ruso llamado Kolupáyev o por un estadounidense llamado Morgan, y el comprador adquiere entonces el derecho a modificarla o a destruirla según le plazca.
Si Tretiakov, el famoso comerciante de Moscú, se le hubiera ocurrido un buen día quemar su galería de pinturas en lugar de donarla a la ciudad de Moscú, no habría existido en la sociedad capitalista ninguna ley por la cual se le pudiera pedir cuentas.
Como resultado de la compraventa privada de obras de arte, libros raros, manuscritos, etc., muchas de ellas se vuelven inaccesibles para las grandes masas del pueblo, y estas rarezas pasan a ser posesión exclusiva de los miembros de la clase explotadora.
La República Soviética ha declarado que todas las obras de arte, colecciones, etc., son propiedad social, y elimina todo obstáculo para su utilización social. El mismo propósito persiguen los decretos destinados a sustraer de la propiedad privada las grandes bibliotecas, de modo que estas también se han convertido en propiedad social.
El Partido Comunista debe velar por que la autoridad del Estado siga avanzando en esa dirección. En vista de la actual escasez de libros y de la imposibilidad de publicar rápidamente grandes ediciones y reimpresiones, es necesario que se produzca una mayor restricción de la propiedad privada y que los libros se reúnan en bibliotecas públicas, en las escuelas, etcétera.
Asimismo, en aras de la ilustración, y con el fin de asegurar al mayor número posible de personas la oportunidad de visitar el teatro, todos los teatros han sido nacionalizados y, de este modo, de manera indirecta se ha logrado la socialización del arte dramático, musical y vocal.
Por consiguiente, poco a poco, todas las obras de la ciencia y del arte —que en un principio fueron creadas mediante la explotación de las masas trabajadoras, que supusieron una carga sobre sus espaldas y fueron producidas a su costa— han sido devueltas ahora a sus verdaderos dueños.
87. La propaganda estatal del comunismo.
Ahora que el sistema capitalista ha sido derrocado, y ahora que sobre sus ruinas se está construyendo la nueva sociedad comunista, la propaganda de las ideas comunistas no puede dejarse únicamente en manos del Partido Comunista ni puede llevarse a cabo solo con sus modestos medios.
La propaganda comunista se ha convertido en una necesidad para toda la sociedad que ahora se encuentra en proceso de regeneración. Debe acelerar el proceso inevitable de transformación.
A los innovadores, que a menudo trabajan sin ser plenamente conscientes de lo que están haciendo, la propaganda comunista debe revelarles el significado de sus energías y de sus labores.
Por consiguiente, es necesario que no solo la escuela proletaria, sino además todo el mecanismo del Estado proletario, contribuyan a la labor de propaganda comunista. Esta propaganda debe llevarse a cabo en el ejército; debe llevarse a cabo en y por todos los instrumentos del Poder Soviético.
El método más potente de la propaganda comunista de Estado es la actividad editorial del Estado.
La nacionalización de todas las reservas de papel y de todos los establecimientos de imprenta hace posible que el Estado proletario, a pesar de la gran escasez de papel, publique por millones toda literatura que sea de especial importancia para las masas en un momento dado.
Todo lo que sale de las prensas del Estado se pone a disposición del común del pueblo mediante su publicación a un precio muy bajo, y gradualmente va siendo posible publicar libros, panfletos, periódicos y carteles de forma gratuita.
La propaganda estatal del comunismo se convierte a la larga en un medio para la erradicación de los últimos vestigios de propaganda burguesa que datan del viejo régimen; y es un poderoso instrumento para la creación de una nueva ideología, de nuevos modos de pensamiento, de una nueva perspectiva del mundo.
88. La instrucción popular bajo el zarismo y bajo el poder soviético.
El gasto del Estado en la educación popular en Rusia se expone en la siguiente tabla.
Vemos que la transferencia del poder al proletariado fue seguida inmediatamente por un aumento de casi diez veces en el gasto destinado a la educación popular.
En el año 1917 había, el 1 de septiembre, 33.337 escuelas elementales (en 26 provincias).
En el año escolar 1917-18 había 52.274 escuelas elementales, con 4.133.932 alumnos.
En el año escolar 1918-19 había aproximadamente 62.233 escuelas elementales.
En cuanto a las escuelas secundarias, en el año escolar 1917-18 había 1330, y en el año escolar 1918-19 había 3783.
Las escuelas preparatorias y las instituciones similares eran prácticamente desconocidas bajo el régimen zarista. En este asunto, el poder soviético tuvo que empezar de nuevo por completo.
A pesar de las circunstancias desfavorables, para el 1 de octubre de 1919, en 31 provincias, los jardines de infancia, las escuelas de juego y los hogares sumaban 2615 y atendían a 155.443 niños.
En esa fecha, alrededor del 2,5 por ciento de todos los niños de tres a cinco años asistían a tales instituciones. En las ciudades, el porcentaje de niños atendidos de este modo es ahora del 10,1 y la proporción aumenta continuamente.
Notas
# Literatura
Literatura sobre la cuestión de la Escuela del Trabajo. Reglamentos relativos a la Escuela unificada del Trabajo de la R.S.F.S.R. (1918). POSNER, La Escuela unificada del Trabajo (1918). La Escuela del Trabajo, Informes del Departamento de Educación Popular del Sóviet de Moscú. BLONSKY, La Escuela de la clase trabajadora. BLONSKY, La Escuela del Trabajo. LEVITIN, La Escuela del Trabajo. LEVITIN, Problemas internacionales de la pedagogía socialista. KRUPSKAYA, Cultura popular y democracia. DUNE, La Escuela y la sociedad. SHARELMAN, La Escuela del Trabajo. SHARELMAN, En el laboratorio de un maestro de escuela elemental. GANSBERG, Pedagogía. GANSBERG, Trabajo creativo en la escuela. — «El Diario Semanal del Comisariado del Pueblo para la Educación». — Informe del primer Congreso Panruso de Educación (1919).
Literatura no comunista sobre educación:
- KERSCHENSTEINER, La idea de la escuela del trabajo.
- KERSCHENSTEINER, La escuela del trabajo (1918).
- GUBLITT, Los problemas de la escuela unificada general.
- FERRIÈRE, La escuela nueva.
- WETEKAMP, Actividad independiente y trabajo creativo.
- SCHULZ, Reformas educativas de los socialdemócratas.
- FÉDOROV-HARTVIG, La escuela del trabajo y el colectivismo (1918).
- YANZHUL, El principio del trabajo en las escuelas europeas (1918).
- SHATSKY, La vida activa.
- MÜNCH, La escuela del futuro.