fui con Stone al Blue Boar y me tomé una copa. Luego pensé en irme a casa, pero cuando llegué a la esquina de esta calle, cambié de idea y decidí venir a ver al vicario. Sentía que necesitaba hablar con alguien sobre el asunto.
“En la puerta, la criada me dijo que el vicario no estaba, pero que no tardaría en llegar, y que el coronel Protheroe estaba en el estudio esperándolo. Bueno, no me apetecía marcharme otra vez; habría parecido que huía de enfrentarme a él. Así que dije que yo también esperaría, y entré en el estudio”.
Se detuvo.
—¿Y bien? —dijo el coronel Melchett.
“Protheroe estaba sentado en el escritorio, tal como lo encontraste. Me acerqué a él, lo toqué. Estaba muerto. Luego miré hacia abajo y vi la pistola tirada en el suelo junto a él. La recogí, y enseguida vi que era mi pistola.
“Eso me dio un vuelco. ¡Mi pistola! Y entonces, al instante saqué una conclusión. Anne tenía que haberse apoderado de mi pistola en algún momento, con la intención de usarla ella misma si ya no podía soportar más las cosas. Quizás la había llevado consigo hoy. Después de separarnos en el pueblo, debió de haber vuelto aquí y, y, ¡oh! Supongo que estaba loco al pensar en eso. Pero eso fue lo que pensé. Me guardé la pistola en el bolsillo y me fui. Justo a la salida de la verja de la vicaría, me encontré con el vicario. Dijo algo agradable y normal sobre haber visto a Protheroe; de repente sentí un deseo loco de reír. Su actitud era tan corriente y cotidiana y yo estaba tan alterado. Recuerdo haber gritado algo absurdo y haber visto cambiar su expresión. Creo que estaba casi loco.