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nydus/The Murder at the VicaragePublic
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XVII

—¡Ah! Es de esas mujeres por las que los caballeros siempre se levantan.

Mire usted, señor. Supongamos que ella ha estado chantajeando con éxito al viejo en el pasado. Tras pasar unos años, se entera de su paradero, viene aquí y vuelve a intentarlo. Pero, mientras tanto, las cosas han cambiado. La ley ha adoptado una postura muy diferente. Hoy en día se dan todas las facilidades a quienes persiguen el chantaje: no se permite que los nombres salgan en la prensa.

Supongamos que el coronel Protheroe se da la vuelta y dice que la va a llevar ante la justicia. Ella está en una situación difícil. Dan penas muy severas por chantaje. Las tornas han cambiado. Lo único que puede hacer para salvarse es quitárselo de en medio rápida y eficazmente.

Estaba en silencio. Tenía que admitir que el caso que el inspector había armado era plausible. Solo una cosa, a mi entender, lo hacía inadmisible: la personalidad de la señora Lestrange.

—No estoy de acuerdo con usted, inspector —dije—. A la señora Lestrange no me parece el tipo de persona capaz de chantajear a nadie. Es... bueno, es una palabra anticuada, pero es toda una dama.

Me dirigió una mirada lastimera.

—¡Ah! bueno, señor —dijo con tolerancia—, usted es clérigo. No sabe la mitad de las cosas que pasan. ¡Dizque una dama! Se sorprendería si supiera algunas de las cosas que yo sé.

—No me refiero a la mera posición social. De todos modos, supongo que la señora Lestrange debe de ser una déclassée. A lo que me refiero es a una cuestión de⁠—refinamiento personal.

—Usted no la ve con los mismos ojos que yo, señor. Puede que sea un hombre, pero también soy policía. A mí no me la dan con su refinamiento personal. Vaya, esa mujer es de las que podrían clavarle a uno un cuchillo sin pestañear.

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