noche —dijo Bill, mientras tomaban el sendero.
Habían recorrido poco más de cien yardas, cuando Henry, que iba delante, se agachó y recogió algo con lo que su raqueta de nieve había chocado. Estaba oscuro y no podía verlo, pero lo reconoció al tacto. Lo arrojó hacia atrás, de modo que golpeó el trineo y fue dando botes hasta chocar contra las raquetas de nieve de Bill.
—Tal vez necesite eso para su negocio —dijo Henry.
Bill exhaló una exclamación. Era todo lo que quedaba de Spanker, la estaca con la que lo habían atado.
—Se los han comido hasta con el cuero —anunció Bill—. El palo está reluciente. Se han comido el cuero de los dos extremos. Están maldito hambrientos, Henry, y nos van a traer de cabeza antes de que este viaje termine.