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nydus/AreopagiticaPublic
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Areopagitica

En cuanto a la quema de aquellos libros efesios por los conversos de San Pablo, se responde que los libros eran de magia, así los traduce el siríaco. Fue un acto privado, un acto voluntario, y nos deja ante una imitación voluntaria; los hombres, arrepentidos, quemaron aquellos libros que eran suyos; por este ejemplo no se instituye al magistrado; estos hombres practicaban los libros, otro quizás podría haberlos leído de algún modo útil.

El bien y el mal, bien lo sabemos, crecen juntos en el campo de este mundo casi inseparablemente; y el conocimiento del bien está tan envuelto e intretejido con el conocimiento del mal, y con tantas astutas semejanzas que apenas pueden distinguirse, que aquellas semillas confusas que le fueron impuestas a Psique como una labor incesante para entresacar y apartar no estaban más entremezcladas.

Fue de la corteza de una sola manzana probada de donde el conocimiento del bien y del mal, como dos gemelos adheridos, saltó al mundo. Y tal vez este sea el juicio en el que cayó Adán al conocer el bien y el mal, es decir, al conocer el bien a través del mal.

Siendo, pues, tal como es ahora la condición del hombre, ¿qué sabiduría puede haber para elegir, qué continencia para abstenerse sin el conocimiento del mal?

Aquel que puede comprender y considerar el vicio con todos sus anzuelos y aparentes placeres, y aun así abstenerse, y aun así distinguir, y aun así preferir aquello que es verdaderamente mejor, ese es el verdadero cristiano militante.

No puedo alabar una virtud fugitiva y claustral, inejercitada y sin aliento, que nunca sale a la palestra ni ve a su adversario, sino que se escurre de la

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