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nydus/AreopagiticaPublic
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Areopagitica

la mano de su censor en el reverso de su título para servirle de fianza y garantía de que no es un imbécil ni un seductor, no puede menos que ser una deshonra y una derogación para el autor, para el libro, para el privilegio y la dignidad del saber.

¿Y qué si el autor es de una fantasía tan fecunda que se le ocurren muchas cosas dignas de ser añadidas después de la concesión de la licencia, mientras el libro está todavía en la imprenta, lo cual no pocas veces les ocurre a los mejores y más diligentes escritores, y quizás una docena de veces en un solo libro?

El tipógrafo no osa ir más allá de su ejemplar autorizado; ¡cuántas veces tendrá entonces el autor que caminar fatigosamente hacia su otorgador de permisos para que sus nuevas inserciones sean examinadas!; y muchos trajines se realizarán antes de que ese censor —pues ha de ser el mismo hombre— sea hallado o hallado desocupado; entretanto, o la imprenta debe detenerse, lo cual no es pequeño perjuicio, o el autor perder sus pensamientos más precisos y enviar el libro peor de lo que lo había hecho, lo cual para un escritor diligente es la mayor melancolía y vejación que puede sobrevenir.

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