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nydus/AreopagiticaPublic
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Areopagitica

¿Y cómo puede un hombre enseñar con autoridad, que es el alma de la enseñanza; cómo puede ser un doctor en su libro como debe ser, o más le valdría callar, cuando todo lo que enseña, todo lo que expone, está bajo la tutela, bajo la corrección de su censor patriarcal para tachar o alterar lo que no concuerda exactamente con el criterio obtusamente apegado que llama su juicio? Cuando todo lector sagaz, al ver por primera vez una licencia pedantesca, estará pronto a arrojar el libro lejos de sí, a la distancia de un juego de tejo, con palabras como estas: > Odio a un maestro que es discípulo, no soporto a un instructor que viene a mí bajo la tutela de un puño vigilante. No sé nada del censor, salvo que tengo aquí su propia mano que atestigua su arrogancia; ¿quién me responderá de su juicio? El Estado, señor, responde el librero, pero recibe una rápida réplica: El Estado será mis gobernantes, mas no mis críticos; pueden equivocarse en la elección de un censor tan fácilmente como este censor puede equivocarse con un autor; esto es materia común; y podría añadir, citando a sir Francis Bacon, QUE TALES LIBROS AUTORIZADOS NO SON SINO EL LENGUAJE DE LOS TIEMPOS. Pues aunque un censor resultara ser más juicioso de lo ordinario, lo cual pondría en gran peligro a la siguiente sucesión, su propio oficio y

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