declara que aún está muy lejos de la verdad.
La verdad vino ciertamente una vez al mundo con su divino Maestro, y era una figura perfecta, la más gloriosa de contemplar; pero cuando él ascendió, y sus apóstoles después de él se durmieron, al punto surgió una perversa raza de impostores que, tal como cuenta aquella historia del egipcio Tifón y sus conspiradores sobre cómo trataron al buen Osiris, tomaron a la virgen Verdad, cortaron su hermoso cuerpo en mil pedazos y los esparcieron a los cuatro vientos.
Desde entonces, los afligidos amigos de la verdad, cuantos osaron dar la cara, imitando la diligente búsqueda que hizo Isis del cuerpo descuartizado de Osiris, han ido de un lado para otro recogiendo miembro tras miembro, a medida que podían encontrarlos.
Aún no los hemos encontrado todos, Lores y Comunes, ni los encontraremos jamás hasta la segunda venida de su Maestro; él unirá cada coyuntura y miembro, y los moldeará en un rasgo inmortal de hermosura y perfección.
No permitáis que estas prohibiciones de censura se interpongan en cada lugar propicio, prohibiendo y perturbando a quienes siguen buscando, a quienes siguen rindiendo nuestras exequias al cuerpo desgarrado de nuestra santa martirizada.