CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/AreopagiticaPublic
Page 34 of 84
Table of Contents

Areopagitica

la persuasión.

Si cada acción, que en el hombre maduro es buena o mala, estuviera sujeta a ración, prescripción y coacción, ¿qué sería la virtud sino un nombre, qué alabanza podría entonces merecer el obrar bien, qué mérito ser sobrio, justo o continente?

Muchos son los que se quejan de la divina Providencia por permitir que Adán transgrediera; ¡necias lenguas! Cuando Dios le dio la razón, le dio la libertad de elegir, pues la razón no es sino elegir; de otro modo habría sido un Adán meramente artificial, un Adán como los de los títeres.

Nosotros mismos no estimamos aquella obediencia, ni amor, ni dádiva que se impone por la fuerza: Dios, por tanto, lo dejó libre, puso ante él un objeto tentador, casi siempre ante sus ojos; en esto consistió su mérito, en esto el derecho a su recompensa, la alabanza de su abstinencia.

¿Para qué creó las pasiones en nuestro interior, los placeres a nuestro alrededor, sino para que estos, debidamente templados, sean los ingredientes mismos de la virtud?

34