Espantarse así a las primeras de cambio ante un mero panfleto sin licencia hará que al cabo del tiempo se tema a cada conventículo, y poco después hará un conventículo de cada reunión cristiana. Pero estoy seguro de que un Estado gobernado por las reglas de la justicia y la fortaleza, o una Iglesia edificada y fundada sobre la roca de la fe y el verdadero conocimiento, no pueden ser tan pusilánimes. Mientras las cosas aún no estén establecidas en la religión, que la libertad de escribir sea reprimida por una disciplina imitada de los prelados y aprendida por ellos de la Inquisición, para encerrarnos a todos de nuevo en el pecho de un censor, ha de causar forzosamente duda y desaliento en todos los hombres cultos y religiosos.
¿Quién no puede advertir la sutileza de este ardid político, y quiénes son los instigadores; que mientras los obispos habían de ser acosados, entonces todas las imprentas debían estar abiertas; era el derecho de nacimiento y privilegio del pueblo en tiempo de Parlamento, era el resplandor de la luz. Pero ahora, abolidos los obispos y expulsados de la Iglesia, como si nuestra