Donde hay mucho deseo de aprender, allí por necesidad habrá mucho debate, mucha escritura, muchas opiniones; porque la opinión en los hombres buenos no es sino conocimiento en gestación. Bajo estos terrores fantásticos de secta y cisma, agraviamos la sincera y entusiasta sed de conocimiento y entendimiento que Dios ha suscitado en esta ciudad. De lo que algunos se lamentan, deberíamos más bien regocijarnos, deberíamos alabar esta piadosa disposición entre los hombres para reasumir en sus propias manos el mal delegado cuidado de su religión. Un poco de prudencia generosa, un poco de tolerancia mutua y algún grano de caridad podrían lograr que todos estos afanes se unan y confluyan en una búsqueda general y fraternal de la verdad; si tan solo pudiéramos abandonar esta tradición prelaticia de encorsetar las conciencias libres y las libertades cristianas en cánones y preceptos de los hombres. No dudo de que, si algún gran y digno extranjero viniera entre nosotros, sabio para discernir el molde y el temple de un pueblo, y cómo gobernarlo, al observar las altas esperanzas y propósitos, la diligente presteza de nuestros amplios pensamientos y razonamientos en la
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Areopagitica
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