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nydus/AreopagiticaPublic
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Areopagitica

Quien oye qué oraciones se hacen para que la luz y un conocimiento más claro sean enviados entre nosotros, pensaría en otros asuntos que debían constituirse más allá de la disciplina de Ginebra, forjada y fabricada ya para nuestras manos.

Sin embargo, cuando la nueva luz que suplicamos resplandece sobre nosotros, hay quienes la envidian y se oponen, si no entra primero por sus ventanas.

¡Qué confabulación es esta, cuando por un lado se nos exhorta por el hombre sabio a poner diligencia, a buscar la sabiduría como a tesoros escondidos por la mañana y por la tarde, y por el otro se nos impone por ordenanza no saber nada sino por estatuto!

Cuando un hombre ha trabajado denodadamente en las profundidades de las minas del conocimiento, ha presentado sus hallazgos con toda su impedimenta; ha desplegado sus razones como en orden de batalla; ha dispersado y derrotado todas las objeciones a su paso; reta a su adversario a campo abierto, ofreciéndole incluso la ventaja del viento y del sol, si le place, con tal de dirimir la cuestión mediante la fuerza del argumento: que sus oponentes entonces se escabullan, tiendan emboscadas, guarden el estrecho puente de la censura por donde el retador debe pasar, aunque sea valor suficiente en el arte militar, no es sino debilidad y cobardía en las guerras de la Verdad.

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