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nydus/AreopagiticaPublic
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Areopagitica

según el permiso de aquellos, no se considere honesto; pues para tal fin se provino Platón. Hará falta más que la labor de veinte censores para examinar todos los laúdes, violines y guitarras de cada casa; no se les debe permitir parlotear como lo hacen, sino que se les debe censurar lo que puedan decir. ¿Y quién silenciará todas las melodías y madrigales que susurran ternura en las alcobas? También habrá que pensar en las ventanas y los balcones; hay libros maliciosos, con portadas peligrosas, puestos a la venta; ¿quién los prohibirá, acaso veinte censores? Las aldeas también deben tener sus visitadores para indagar qué lecciones imparten la gaita y el rabel, hasta llegar a la balada y la escala de cada violero municipal, porque estas son las Arcadias y los Diana de los hombres

A continuación, ¿qué otra corrupción nacional, por la cual Inglaterra tiene mala fama en el extranjero, que la glotonería doméstica: quiénes serán los rectores de nuestro desenfreno cotidiano? ¿Y qué se hará para prohibir a las multitudes que frecuentan esas casas donde la embriaguez se vende y se aloja?

Nuestras prendas también deberían remitirse a la autorización de algunos maestros artesanos más sobrios para procurar que se corten en un talle menos lascivo.

¿Quién regulará toda la charla mixta de nuestra juventud, varones y mujeres juntos, como es la moda de este país? ¿Quién señalará todavía de qué se hablará, qué se presumirá y no más allá?

Por último, ¿quién prohibirá y separará toda reunión ociosa, toda mala compañía?

Estas cosas serán y deben ser; mas cómo han de ser menos nocivas, cómo menos tentadoras, en esto consiste la grave y gobernante sabiduría de un Estado.

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