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nydus/AreopagiticaPublic
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Areopagitica

Pero que Platón destinó esta ley peculiarmente a aquella república que había imaginado, y a ninguna otra, es evidente. ¿Por qué si no se habría convertido él mismo no en legislador, sino en transgresor, digno de ser expulsado por sus propios magistrados, tanto por los licenciosos epigramas y diálogos que compuso, y su lectura constante del Mimo de Sofrón y de Aristófanes —libros de la más infame torpeza—, como por recomendar este último, a pesar de ser el malicioso difamador de sus más íntimos amigos, para que lo leyera el tirano Dionisio, quien bien poco necesitaba de semejante basura para perder el tiempo?

Pero que sabía que esta concesión de licencias para los poemas se refería y dependía de muchas otras disposiciones allí establecidas en su república imaginaria, las cuales en este mundo no tendrían cabida: y por eso ni él mismo, ni magistrado o ciudad alguna, imitaron jamás tal proceder, el cual, tomado aparte de aquellas otras órdenes colaterales, había de ser forzosamente vano e infructuoso.

Pues si recurrían a una clase de rigor, a menos que su cuidado fuera igual para regular todas las demás cosas igualmente aptas para corromper la mente, sabían que ese único esfuerzo no sería sino una labor insensata; cerrar y fortificar una puerta contra la corrupción, viéndose en la necesidad de dejar todas las demás alrededor de par en par.

Si pensamos en regular la imprenta para así enmendar las costumbres, debemos regular toda recreación y pasatiempo, todo lo que es deleitable para el hombre. * No se debe oír música ni componer o cantar canción alguna que no sea grave y dórica. * Debe haber censores de bailarines, para que a nuestra juventud no se le enseñe ningún gesto, movimiento o porte que,

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