sospechoso. > —Levántate, vieja —dijo Hall—. Supongo que tendré que ocuparme de
Teddy continuó su camino con el ánimo considerablemente más tranquilo.
En vez de «averiguar lo que pasaba», sin embargo, Hall al regresar fue duramente reprendido por su esposa debido al tiempo que había pasado en Sidderbridge, y sus suaves preguntas fueron respondidas con aspereza y de un modo que no venía al caso.
Pero la semilla de la sospecha que Teddy había sembrado germinó en la mente del señor Hall a pesar de estos desalientos.
—Las m'jeres no lo saben todo —dijo el señor Hall, decidido a averiguar más sobre la personalidad de su huésped en la primera oportunidad posible.
Y después de que el forastero se fue a la cama, lo cual hizo sobre las nueve y media, el señor Hall entró con mucha agresividad en el salón y miró fijamente los muebles de su mujer, solo para demostrar que el forastero no era el amo allí, y escudriñó de cerca y con un punto de desprecio una hoja de cálculos matemáticos que el forastero había dejado.
Al retirarse a dormir, le indicó a la señora Hall que examinara muy de cerca el equipaje del forastero cuando llegara al día siguiente.
—Ocúpate de tus asuntos, Hall —dijo la señora Hall—, y yo me ocuparé de los míos.
Estaba tanto más dispuesta a morderle la lengua a Hall cuanto que el desconocido era indudablemente un tipo de desconocido inusualmente extraño, y ella no estaba en absoluto segura de lo que pensar de él.