En mitad de la noche se despertó soñando con enormes cabezas blancas como nabos que la perseguían arrastrándose, al final de cuellos interminables y con vastos ojos negros. Pero siendo una mujer sensata, dominó sus terrores, se dio la vuelta y volvió a dormirse.
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Las primeras impresiones del señor Teddy Henfrey
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