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J. Las cifras del Sr. Giffen y del Sr. Flux relativas a la posición del Reino Unido en el comercio internacional

Unas pocas observaciones acerca de estas cifras pueden ser de cierta utilidad.

Cuando en los años 1882-1886 se produjo una repentina caída de las exportaciones británicas e irlandesas, y los alarmistas aprovecharon los malos tiempos para relanzar el nunca olvidado grito de guerra del proteccionismo, insistiendo especialmente en los perjuicios causados al comercio británico por la «competencia alemana», el Sr. Giffen analizó las cifras del comercio internacional en sus «Ensayos de finanzas» y en un informe leído en 1888 ante la Comisión de la Junta de Comercio (Board of Trade).

Posteriormente, el Sr. A. W. Flux analizó de nuevo las mismas cifras, ampliándolas a un periodo posterior. Confirmó las conclusiones del Sr. Giffen y se esmeró en demostrar que la famosa «competencia alemana» es una falacia.

Las conclusiones del Sr. Giffen, citadas por el Sr. A. W. Flux («The Commercial Supremacy of Great Britain», en Economical Journal, 1894, iv., p. 457), fueron las siguientes:

“En conjunto, las cifras no son de tal índole que indiquen un avance grande y abrumador en las exportaciones alemanas, en comparación con las del Reino Unido. Hay un mayor progreso en cierta dirección, pero, tomadas en conjunto, no hay un gran avance desproporcionado y, en muchos mercados importantes para el Reino Unido, Alemania apenas aparece en absoluto.”

En esta forma moderada, únicamente en lo que respecta a la competencia alemana —y haciendo las debidas concesiones respecto a cifras en las que no se tiene en cuenta qué clase de mercancías componen un valor dado de exportación, ni en qué cantidades—, la afirmación del Sr. Giffen podría aceptarse. Pero eso era todo.

Si tomamos, sin embargo, las cifras del Sr. Giffen tal como aparecen reproducidas en las tablas ampliadas (en las págs. 461–467 del artículo recién citado), tabuladas con gran esmero para demostrar que la participación de Alemania en las importaciones de varios países europeos, tales como Rusia, Italia, Serbia, etc., había disminuido, así como la parte del Reino Unido, todo lo que podríamos concluir de estas cifras era que había otros países además de Alemania —a saber, los Estados Unidos y Bélgica— que competían muy eficazmente con Inglaterra, Francia y Alemania para abastecer los productos manufacturados que Rusia, Italia, Serbia, etc., adquirían en el extranjero.

Al mismo tiempo, tales cifras no daban idea del hecho de que, donde antes se suministraban manufacturas de metal, ahora se importaban carbón y metales en bruto para la fabricación local de esos mismos productos; o bien, donde se importaban algodones teñidos yestampados, solo se requería hilo.

Todo el tema es infinitamente más complicado de lo que aparecía en los cálculos del Sr. Giffen; y, por muy valiosas que hayan sido sus cifras para calmar temores exagerados, no contenían respuesta alguna a las numerosas cuestiones económicas implicadas en los asuntos tratados por el Sr. Giffen.

Las conclusiones a las que llegué en estas líneas en la primera edición de este libro hallaron ulterior confirmación en el subsiguiente desarrollo económico de todas las naciones en esa misma dirección.

El resultado es que —aparte de las extraordinarias exportaciones de los años 1910 y 1911 (que me atrevo a explicar por la previsión general de que iba a estallar una gran guerra europea)— las exportaciones de este país, al margen de sus habituales fluctuaciones periódicas, continuaron siendo lo que eran, en proporción al aumento de la población, y muchas de ellas se volvieron menos rentables; mientras que las exportaciones de todos los demás países aumentaron en una proporción mucho mayor.

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