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nydus/Jesus the Son of ManPublic
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Naaman de los gadarenos

Sus discípulos están dispersos. Él les dejó el legado del dolor antes de ser Él mismo ejecutado. Se les persigue como al ciervo y a los zorros de los campos, y la aljaba del cazador todavía está llena de flechas.

Pero cuando son capturados y conducidos a la muerte, van jubilosos y sus rostros resplandecen como el rostro del esposo en el banquete de bodas. Porque Él también les dejó el legado de la alegría.

Tuve un amigo del Norte, y su nombre era Esteban; y porque proclamaba a Jesús como el Hijo de Dios, fue llevado a la plaza del mercado y apedreado.

Y cuando Esteban cayó a tierra, extendió los brazos como si fuera a morir como había muerto su Maestro. Sus brazos estaban abiertos como alas listas para el vuelo. Y cuando el último destello de luz se apagaba en sus ojos, con mis propios ojos vi una sonrisa en sus labios. Era una sonrisa como el soplo que llega antes del final del invierno como prenda y promesa de la primavera.

¿Cómo he de describirlo?

Parecía que Esteban estaba diciendo:

“Si yo fuera a otro mundo, y otros hombres me condujeran a otra plaza de mercado para apedrearme, aun entonces lo proclamaría a Él por la verdad que había en Él, y por esa misma verdad que hay en mí ahora”.

Y noté que había un hombre de pie cerca, que miraba con agrado el apedreamiento de Esteban.

Su nombre es Saulo de Tarso, y fue él quien había entregado a Esteban a los sacerdotes, a los romanos y a la muchedumbre, para que fuera apedreado.

Saúl era calvo y de baja estatura. Sus hombros eran encorvados y sus facciones, desproporcionadas; y no me caía bien.

Me han dicho que ahora predica a Jesús desde los tejados. Es difícil de creer.

Pero la tumba no detiene el caminar de Jesús hacia el campamento de los enemigos para dominar y tomar cautivos a aquellos que se le habían opuesto.

Todavía no me agrada ese hombre de Tarso, aunque me han dicho que después de la muerte de Esteban fue amansado y vencido en el camino a Damasco. Pero su cabeza es demasiado grande para que su corazón sea el de un verdadero discípulo.

Y sin embargo tal vez me equivoque. A menudo me equivoque.

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