Él era de la chusma, un bandido, un saltimbanqui y un autoalabancioso. Solo atraía a los impuros y a los desheredados, y por ello tuvo que seguir el camino de todos los mancillados y los profanados.
Se burló de nosotros y de nuestras leyes; se mofó de nuestro honor y escarneció nuestra dignidad. Incluso dijo que destruiría el templo y profanaría los lugares santos. No tenía vergüenza, y por ello tuvo que morir una muerte vergonzosa.
Era un hombre de la Galilea de los gentiles, un extranjero, del País del Norte donde Adonis y Astarte aún reclaman poder contra Israel y el Dios de Israel.
Aquel cuya lengua se tropezaba cuando pronunciaba el discurso de nuestros profetas era ruidoso y estentóreo cuando hablaba el idioma bastardo de los nacidos bajo y los vulgares.
¿Qué otra cosa quedaba para mí sino decretar Su muerte?
¿No soy acaso un guardián del templo? ¿No soy un custodio de la ley? ¿Pude haberle vuelto la espalda diciendo con toda tranquilidad:
“Él es un loco entre los locos. Dejadle solo para que se agote desvariando; pues los locos y los dementes y aquellos poseídos por demonios no serán nada en el camino de Israel”?
¿Habría podido estar sordo a Él cuando nos llamó mentirosos, hipócritas, lobos, víboras y a los hijos de las víboras?
No, no podía permanecer sordo a Él, pues no era un loco. Era dueño de sí mismo; y con su sensatez de resonancias grandiosas nos denuncio y nos desafió a todos.
Por esto hice que lo crucificaran, y su crucifixión fue una señal y una advertencia para los demás que están marcados con el mismo maldito sello.
Sé muy bien que se me ha culpado de esto, incluso por algunos de los ancianos en el Sanedrín. Pero yo era consciente entonces, como lo soy ahora, de que es preferible que un solo hombre muera por el pueblo a que el pueblo sea extraviado por un solo hombre.
Jesús fue vencido por un enemigo exterior. Me aseguraré de que Judea no vuelva a ser vencida por un enemigo interior.
Ningún hombre del maldito Norte llegará a nuestro Santo de los Santos ni proyectará su sombra sobre el Arca de la Alianza.