que llamen a la puerta.
Cuando al marido de Lil le dieron la baja, le dije— no me anduve con rodeos, se lo dije yo misma,
Date prisa por favor es la hora
Ahora que vuelve Albert, arréglate un poco. Querrá saber qué has hecho con aquel dinero que te dio Para que te pusieras dentadura. Y tanto, yo estaba delante.
- Arréglate esa boca, Lil, y ponete una linda dentadura,
Dijo, te lo juro, no puedo ni mirarte. Y yo tampoco puedo, le dije, y piensa en el pobre Albert, Lleva cuatro años en el ejército, quiere divertirse, Y si no se lo das tú, habrá otras que se lo den, le dije.
Ah, ¿sí?, dijo ella.
Algo por el estilo, le dije.
Entonces sabré a quién agradecerlo, dijo ella, y me dirigió una mirada fija.
Apúrate por favor es la hora
Si no te gusta puedes aguantarte, le dije. Otros pueden elegir si tú no puedes. Pero si Albert se larga, no será por falta de avisos. Debería darte vergüenza, le dije, parecer tan anciana. (Y eso que solo tiene treinta y uno).
No puedo evitarlo, dijo, poniendo cara deprimida, Son esas pastillas que tomé, para abortar, dijo. (Ya ha tenido cinco y por poco se muere del pequeño George). El boticario dijo que no pasaría nada, pero nunca he vuelto a ser la misma.
Eres una auténtica tonta, le dije. Bueno, si Albert no te deja en paz, así son las cosas, le dije, ¿Para qué te casas si no quieres hijos?