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Table of Contents

Una fábula para comensales

La dama de noche se abre a la polilla, La bruma entra sigilosa desde el mar; Un gran pájaro blanco, un búho nival, Desliza del aliso.

Más blancas son las flores que sostienes, amor, que la blanca neblina sobre el mar; ¿no tienes más brillantes flores tropicales, de escarlata vida, para mí?

Nocturno

Romeo, muy formal, a importunar Guitarra y sombrero en mano, junto a la verja Con Julieta, en la habitual conseja Del amor, bajo una luna cortés pero aburrida;

Fallando la conversación, toca alguna melodía Banal, y por piedad a su destino Hago que un criado espere tras el muro, Una puñalada, y la dama cae en desmayo.

La sangre luce bien bajo la luna⁠— El héroe sonríe; en mi modo oblicuo Rueda hacia el astro una mirada bruna, (¿Sin «¿Amor eterno?»—«¿Amor pal' otro vicio?») Mientras las lectoras se ahogan una a una:⁠— «¡El climax perfecto que busca todo inicuo!»

Humoresque

(Según J. Laforgue)

Una de mis marionetas ha muerto Aunque aún no esté cansada del juego— Pero débil de cuerpo como de cabeza, (Un saltarín tiene semejante estructura).

Pero esta marioneta difunta me caía más bien bien: una cara común, (La clase de cara que olvidamos) Apretada en una mueca cómica y sosa;

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