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III

El lugar del nombre

Hubo una guerra en un bosque espeso, Lejos, allende el mar, Una guerra de marcha en la oscura medianoche Y el disparo tras el árbol al acecho, La cabeza rapada y el rostro pintado, El pie silencioso en el bosque, En la tierra de una lengua extraña y exótica Que era difícil de comprender.

Sucedió al caer la tarde, el general estaba con su estado mayor, estaba de pie y miraba a este y oeste con pocas ganas de reír.

“Lejos he estado y mucho he visto, y he conocido tanto la ganancia como la pérdida, pero aquí tenemos bosques por todas partes y un agua difícil de cruzar.

Lejos he estado y mucho he visto, pero jamás nada que se le compare; y alguien tiene que bajar a la orilla de ese agua para ver cuán profunda es”.

Cayó en la penumbra de la noche Cuando cosas extrañas acontecen, El diestro capitán, el Cameron, Bajó hasta la orilla de ese río.

Sigiloso y cauto marchó el capitán; Y un hombre de la tierra boscosa, Con la cabeza rapada y el rostro pintado, Marchó a su diestra.

Cayó en la noche silenciosa, No había un solo sonido que advertir; Mas todos los bosques a diestra y siniestra Yacían llenos de hombres pintados.

“Lejos he estado y mucho he visto, tanto de hombre como de niño, mas jamás he puesto el pie en un tan peligroso asedio.”

Sucedió al caer la tarde cuando extraños sucesos acaecen, que advirtió a un capitán acercarse a la orilla del agua.

Notó que se acercaba a solas por la penumbra; y le miró el rostro al hombre, ¡y he aquí que el rostro era el suyo!

“Este es mi hado”, dijo, “y ahora conozco lo peor; pues muchos caerán mañana, mas yo caeré con los primeros.

Oh, tú de la lengua extranjera, tú del rostro pintado, este es el lugar de mi muerte; ¿sabes decirme el nombre del sitio?”

“Desde que los franceses llegaron la han llamado Sault-Marie; pero ese es un nombre para curas, y no para ti y para mí.

Se conocía por otra palabra”, dijo el de la cabeza rapada: “Se llamaba Ticonderoga en los días de los grandes muertos”.

Y aconteció a la mañana siguiente, en lo más furioso del combate, que el Cameron mordió el polvo como predijo por la noche;

y lejos de las colinas de brezo, lejos de las islas del mar, duerme en el lugar del nombre tal como estaba destinado a ser.

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