Todo el día, con desprecio y piedad, paso por vuestras casas y toco mi tambor, en el bullicio de la gente que va y viene, en las calles soleadas de la ciudad.
¡Oid! ¿escucháis venir el ictus, en medio del rugir y el estrépito de pies? ¡Oid! en el flujo y reflujo de la calle ¿escucháis el sonido de mi tambor?
Sol y cintas que ondean me ciegan;
Pero aún palpito al recorrer la ciudad, Y aún los reclutas marchan con valor y verdad, Y la marcha se alarga a mis espaldas.
Al ritmo del tambor los pies marchan firmes, los pies marchan firmes y seguros de oír, y gritamos, al marchar, que la meta está cerca, ¡pues todos los hombres ya son héroes!