Ya que me has dado esta buena esperanza, oh Dios,
Que mientras mis pasos hollen el césped florido Y los grandes bosques me cobijen, y el alba blanca Y el púrpura ocaso me guíen dulcemente De día en día, y de noche en noche, oh Dios,
Mi vida de ningún modo perderá la luz del amor; Sino que siempre ascendiendo, ascenderá por encima De la única y pobre estrella del hombre, de sus tierras supinas, Hacia la firme azur de la muerte,
Mi vida de ningún modo carecerá de la luz del amor, Mis manos no carecerán del toque amoroso de las manos; Mas día tras día, mientras aún aliente, Y día tras día, hasta el último de mis años, Seré alguien que tiene un amigo perfecto.
Su corazón probará mis risas y mis lágrimas, Y sus ojos bondadosos me guiarán hasta el fin.