Cuando en casa solo estoy Y cansado mucho soy, Solo debo los ojos cerrar Para por los cielos navegar—
Para navegar muy lejos Al País del Juego ameno; Al país de hadas lejano Donde mora el Pueblo Enano;
Donde tréboles son bosques, Y charcos de lluvia son mares, Y las hojas como barquitos Navegan en viajes chiquitos;
Y sobre el árbol de margarita Entre las hierbas, Muy arriba el Abejorro zumba Y se aleja.
En ese bosque de acá para allá puedo vagar, puedo ir;
- Ver la araña y la mosca,
- Y las hormigas marchar
- Transportando paquetes con los pies
- Por la verde y herbosa calle en pos.
Puedo en el acedero sentarme Donde la mariquita posó.
Puedo escalar la hierba nudosa; Y en lo alto Ver las golondrinas mayores pasar En el cielo, Y el redondo sol rodando sin cesar Sin importarle cosas como yo.
Por ese bosque he de pasar Hasta que, como en un espejo mirar, Moscardón y margarita en flor Y a mi diminuto ser en redor Muy nítidos y claros veo En el charco de lluvia a mis pies recreo.
Si una hojica llega a tierra Flotando cerca de donde me aferra, De inmediato abordaré tal chalupa Para flotar do el charco se ocupa.
Pequeñas criaturas pensativas se sientan En sus costas cubiertas de hierba; Pequeñas cosas de ojos encantados Me miran navegar asombradas.
Algunas van de verde armadura vestidas ¡(Seguro que han estado en batallas!)— Otras van manchadas de cualquier color, Negro y carmesí, oro y azul; Otras tienen alas y veloces se van; Pero todas me miran con bondad.
Cuando mis ojos abro otra vez Y veo todo claro y en orden:
- Altos muros desnudos, gran piso despojado;
- Perillas grandotas en cajones y puertas;
- Gente grandota encaramada en sillas,
- Cosiendo pliegues y remendando roturas,
- Cada cual una colina que podría escalar,
- Y hablando puras tonterías todo el tiempo—
¡Ay de mí, Que pudiera ser Marinero en el mar del charco de lluvia, Escalador en el árbol de trébol, Y recién volver, un dormilón, Tarde en la noche a la cama.