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Prólogo

Fue esta función profética del pensamiento científico la que el autor se propuso investigar en este pequeño libro, pero, al igual que otros escritores de la serie, se vio tentado a «probar» algunos principios provisionales que parecían prometedores. Quizá el futuro revele algunas imprecisiones en su pronóstico, pero la digresión ha valido la pena.

Una cosa, al menos, es segura. La organización a gran escala se extiende a la labor de la ciencia. En nuestros experimentos pasados nos hemos preocupado demasiado por los acontecimientos de corta duración, por el tipo de resultados que podíamos obtener para una publicación rápida y por ciclos que entran dentro del margen de una vida individual.

Aún hoy disponemos de datos insuficientes para decidir si los inviernos fríos se suceden en periodos de setenta u ochenta años, un problema ridículamente fácil que un poco de organización habría resuelto. Pero cada año aumentará el fondo de datos cuidadosamente registrados. Los hombres están aprendiendo a cooperar a través del tiempo. Los experimentos iniciados por el padre son continuados por el hijo, y las generaciones sucesivas registrarán los resultados.

La organización proporciona una alternativa viable a la invención de Matusalenes; aunque simplificaría considerablemente las cosas si la Naturaleza pudiera hallar el modo de acoger la sugerencia del señor Shaw. Más que en ninguna otra parte tal vez, este tipo de organización es necesario para la experimentación sociológica y biológica. Por ese camino obtendremos el conocimiento sobre el cual podrá basarse la profecía científica. Mientras tanto, especulemos. La especulación no es un pecado mortal, sino una ayuda para alcanzar la verdadera perspectiva, y es sugerente de buenas hipótesis. Tampoco es necesario que nuestras

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