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V. El impulso evolutivo

libertino, tarde o temprano tendremos que adoptarlo hacia nosotros mismos.

En cualquier intento de imaginarnos la vida del hombre futuro, una de las principales cosas que debemos tener en cuenta es la constitución totalmente remodelada de la sociedad.

Habrá una pequeña clase alta —muy pequeña porque, como todos los profetas coinciden, el descenso de la natalidad en los estratos superiores asumirá durante algún tiempo proporciones bastante alarmantes—. Se regenerará temporalmente con los elementos más audaces, aventureros y capaces de la clase trabajadora, que se valen de su ingenio para escapar de la situación en la que nacieron. Más tarde, por supuesto, esta huida se verá facilitada por pruebas fiables de aptitud mental, moral y vocacional.

Las clases trabajadoras propiamente dichas consistirán entonces únicamente en aquellos menos capaces para las funciones de administración, organización y gestión. Habrá relativamente poca agitación porque las clases gobernantes habrán aprendido la sabiduría de hacer que los trabajadores se sientan cómodos y felices; y los agitadores potenciales, mediante el sistema de selección vocacional, se encontrarán empleados de forma más lucrativa expresando las opiniones de las clases gobernantes en las emisoras de radio.

Platón habrá hecho realidad sus aspiraciones. Su crítica de la democracia habrá sido aceptada y los reyes filósofos —con matices— se habrán establecido en los centros de poder.

Mientras las masas disfrutan de sus inocentes placeres, la casta gobernante vivirá su propia vida. A juzgar por el presente, cabría esperar que fuese una vida de deporte, juego y reuniones en el campo, y tal vez haya un período de transición de este tipo. En este sin duda se idearán formas curiosas de deporte.

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