Incluso este autor es conservador al considerar los tanques y los aeroplanos como las principales armas del futuro. Con respecto al futuro inmediato puede que tenga razón. Pero la implicación de su tesis general es que todas estas armas acabarán cediendo el paso a otras más sutiles de diseño psicológico. Apenas menos eficaz que el «rayo de la muerte» para doblegar la voluntad del enemigo es el rumor de que se ha inventado uno. Y los rumores se pueden inventar a diario en la Oficina de Propaganda de Su Majestad. ¿Y por qué detenerse en el control del miedo? ¿Por qué no aplicar la psicología en toda la vida mental del enemigo? Tal vez, en la última de todas las guerras para acabar con la guerra, la victoria recaiga en el bando que primero haga reír a su enemigo. El poder del sentido del humor, en cualquier caso, es un arma terrible en la negociación de la paz. A nuestros difuntos enemigos no les habría ido tan mal de haber estado menos escasamente dotados de él en la guerra.
El humor tiene sus aplicaciones tanto en la paz como en la guerra. Bajo una Dirección Científica universal, el Gobierno rivalizará con los ferrocarriles subterráneos por el control de la risa pública. La Iglesia católica, al alistar la ayuda de Chesterton y Ronald Knox contra sus irrefutables pero sombríos adversarios, se ha situado por una vez en la historia moderna a la vanguardia de una causa ganadora.
El arma encierra curiosas posibilidades, pero es difícil de emplear. Un ingenio rápido y sensible a las tendencias de la moda constituye el requisito esencial para desempeñar el cargo de Ministro de Humor Público. Pues el chiste es la más efímera de todas las obras de arte. Hoy en día se requieren años de paciente investigación para captar las gracias de la