gran economía. A la gente se le enseñará a recostarse, digamos, una vez cada dos horas y a dormir durante veinte minutos. Así se inaugurará el día de veinticuatro horas y surgirá una raza de Napoleones enérgicos.
Pero volviendo a la educación general.
¿Por qué el periodo de aprendizaje debe concentrarse totalmente en los primeros años de la vida? Los periodos de estudio distribuidos demostrarán sin duda ser más eficaces, digamos dos horas todos los días, o dos días a la semana, o, si se prefiere, dos meses continuos al año a lo largo de toda la vida.
Así podría llegar la solución a una variedad de problemas. Tenemos, ante todo, los problemas de la educación misma. En la actualidad organizamos la vida de un niño de modo que a un periodo de memorización intensiva le sigue el cese abrupto de la vida intelectual en el momento en que el intelecto apenas empieza a madurar.
Está el problema de la fatiga industrial, debida más a menudo a la monotonía que al trabajo arduo. Las investigaciones recientes ofrecen respaldo científico al refrán de que un cambio de labor equivale a unas vacaciones. Las actividades educativas proporcionarán el cambio necesario. Ya muchos trabajadores pasan sus tardes en clases y sus únicas vacaciones en una escuela de verano.
Por último, existe el problema en constante crecimiento de la prolongación de la infancia.
- En condiciones más simples, un niño estaba adecuadamente preparado para fines prácticos a la edad de diez años o incluso antes.
- Hoy en día se consideran necesarios catorce años, mientras que el profesional tiene casi treinta antes de estar apto para ganarse la vida, y aún hay más por aprender.