violar la regla de la diferenciación. Tampoco logro convencerme de que haya existido jamás, ni de que sea probable que llegue a existir, una democracia en ningún sentido importante. Basta con que este espíritu científico sea explotado por quienes empuñan las riendas del poder, y es porque me parece que estos empiezan a vislumbrar las posibilidades que ofrece por lo que creo que la revolución verdaderamente significativa está por venir.
Lo que se llama «opinión pública» es hoy en día un artículo cuidadosamente manufacturado por empresas totalmente al margen de las leyes de fábricas.
Por supuesto, incluso un despotismo es una «democracia» en el sentido irrelevante de que el mandato del déspota depende de un cierto tipo de consentimiento. Lo que ha sucedido últimamente es que ha evolucionado un nuevo tipo de líder.
- El viejo líder gobernaba mediante un cierto tipo de fuerza obvia.
- El nuevo gobernante practica un arte.
Es, además, un estudioso de la ciencia de la persuasión. Apela directamente a las masas a través de diversos medios, y no tanto inspira confianza como sugiere que él es tan solo un portavoz más articulado de su voluntad.
El contraste se parece bastante al existente entre la coacción y el hipnotismo, dos formas obvias de hacer que la gente haga lo que uno desea; y la transición de la una a la otra no me parece que pueda describirse adecuadamente como un paso hacia la democracia.
El futuro, al parecer, verá el empleo científico de estos poderes. Mucho se ha aprendido mediante métodos empíricos rudimentarios. Los