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nydus/The Documents in the CasePublic
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16. Agatha Milsom a Olive Farebrother

Agatha Milsom a Olive Farebrother

15, Whittington Terrace, Bayswater 25.10.28

Querida Olive,

¡Ya estamos todos respirando de nuevo! El Oso se ha marchado a una de sus vacaciones de acampada, con todo y su equipo de pintura y media docena de blocs de notas. ¡Y pensar que va a escribir un libro!, en el que le dirá a la gente cómo vivir a base de ortigas y setas venenosas y cosas por el estilo, y cómo, en caso de otra Gran Guerra, podríamos mantener a toda la nación a base de erizos hervidos o alguna porquería similar. ¡Querida, es un alivio tan grande sacárselo de encima de la casa!

Por supuesto, no podía marcharse sin armar un escándalo. Tuvo el descaro de sugerir que la señora Harrison fuera con él⁠—¡qué idea! en una casucha horripilante, en el quinto pino⁠—húmeda como un pozo, no me extrañaría, sin agua corriente, ni saneamiento, ni nada de nada. ¿Se ha oído cosa igual? Naturalmente, la señora Harrison dijo que le apetecía más bien poco⁠—¿qué se esperaba el hombre? No volvió a decir nada al respecto en ese momento⁠—¡creo que ya le he enseñado a no avasallar a su mujer cuando yo ando cerca!⁠—, pero se desquitó con ella cuando subieron arriba.

Entró llorando a las doce de la noche para dormir conmigo porque ya no lo soportaba más.

—Querida —le dije—, ¿por qué le das importancia? Si tanto desea tu compañía, ¿por qué no puede sacrificarse por una vez y llevarte a Brighton o Margate, o a algún otro lugar alegre y agradable? Simplemente le gusta hacer infeliz a la gente, eso es todo.

Así que entonces le conté un poco sobre lo que dijo el doctor Trevor acerca de la gente que disfruta infligiendo tortura a los demás. Le dije: «Tienes que verlo simplemente como una especie de enfermedad y no resentirte si puedes evitarlo. Constrúyete un muro de pensamiento protector y proponte mantenerte completamente al margen».

Tuvimos una pequeña charla muy interesante sobre las represiones, y le he prestado mi manual sobre Freud. Es muy importante adoptar una perspectiva sana ante estas cosas.

El señor Lathom ha sido muy amable, y viene casi todas las noches a hacernos compañía. Debe de ser un alivio para él no tener que soportar la perorata eterna del Oso sobre el Arte. Va a pintarnos los retratos.

La señora Harrison va a tener su primera sesión mañana. Será una combinación de colores azul, verde y bronce: vestido azul, fondo verde y un gran bol de esos crisantemos bronceados. Al señor Lathom le costó muchísimo decidirlo. Por supuesto, la señora Harrison es muy atractiva, pero no se podría decir exactamente que es bonita, con esos ojos verdosos y su tez bastante pálida.

Yo aún no he decidido qué ponerme. Le pregunté al señor Lathom, pero dijo que creía que cualquier cosa me quedaría bien y que podía dejárselo a mi criterio con total tranquilidad. Creo que haré que me lo hagan con ese vestido naranja de canesú cuadrado —aquel del que el señor Ramsbottom dijo que me hacía parecer un paje prerrafaelita, ¿te acuerdas?— y llevar el pelo ondulado y rizado hacia dentro por todas partes para redondear la idea.

Le señalé al señor Lathom que mi cara no es igual por los dos lados, y se rió, y dijo que ningún ser humano es igual por los dos lados; que la Naturaleza nunca trabaja con regla y compás.

Me va bien con las medias, y he tenido varios encargos de bufandas. No olvides decirle a cualquiera que quiera una que estoy completamente dispuesta a aceptar el trabajo.

Estoy haciendo experimentos con unos calendarios, hechos al estilo de los antiguos grabados de oropel, con los envoltorios de papel de colores de los bombones de chocolate. Algunos de los diseños son sencillamente hermosos. Podrías mandarme los que consigas. Creo que podría conseguir algunos encargos navideños para ellos. Se me ha ocurrido una idea de lo más original.…

[El resto de esta carta, que contenía únicamente algunos diseños para labores de aguja, ha sido separado.]

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