los hombres honrados que pretenden ser, cuanto menos sujeción tuvieran ante los demás, más resplandeciente habrían podido poner su honradez dando y recibiendo lo que es justo. > > »Pero tal no ha sido su conducta ni hacia los demás ni hacia nosotros. La actitud de nuestra colonia hacia nosotros ha sido siempre de distanciamiento y ahora es de hostilidad; pues dicen: “No fuimos enviados para ser maltratados”. Nosotros replicamos que no fundamos la colonia para ser insultados por ellos, sino para ser su cabeza y ser considerados con el debido respeto. Al menos nuestras otras colonias nos honran, y somos muy queridos por nuestros colonos; y es evidente que, si la mayoría está satisfecha con nosotros, estos no pueden tener una buena razón para un descontento en el que están solos, y nosotros no actuamos de manera incorrecta al hacerles la guerra, ni se la hacemos sin haber recibido una provocación señalada. Además, si estuviéramos equivocados, sería honorable por su parte ceder a nuestros deseos, y vergonzoso para nosotros pisotear su moderación; pero, en el orgullo y la licencia de la riqueza, nos han ofendido una y otra vez, y nunca más gravemente que cuando Epidamno, dependencia nuestra —que ellos no hicieron nada por reclamar en su desgracia cuando acudimos a socorrerla—, fue capturada por ellos y ahora es retenida por la fuerza de las armas. > > »En cuanto a su alegación de que deseaban que la cuestión fuera sometida primero a arbitraje, es obvio que un desafío procedente de la parte que está a salvo en una posición dominante no puede ganar el crédito que solo corresponde a quien, antes de apelar a las
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II. Causas de la guerra
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