Tras obligar a los focenses a devolver la ciudad bajo ciertas condiciones, emprendieron la retirada.
La ruta por mar, a través del golfo Criseo, los exponía al riesgo de ser interceptados por la flota ateniense; la que atravesaba Geraneia apenas parecía segura, ya que los atenienses ocupaban Mégara y Pagas.
Pues el paso era difícil y siempre estaba vigilado por los atenienses; y, en esta ocasión, los lacedemonios tenían información de que pretendían disputarles el paso.
Así que decidieron permanecer en Beocia y considerar cuál sería la línea de marcha más segura.
También tenían otro motivo para esta resolución. Un sector de Atenas les había dado su aliento en secreto, con la esperanza de poner fin al régimen de la democracia y a la construcción de los Muros Largos.
Entre tanto, los atenienses marcharon contra ellos con toda su leva, mil argivos y los contingentes respectivos del resto de sus aliados.
En total sumaban catorce mil combatientes. La marcha estuvo motivada por la idea de que los lacedemonios no sabían cómo efectuar su paso, y también por las sospechas de un intento de derrocar la democracia.
También se unió a los atenienses algo de caballería de sus aliados tesalios; pero estos se pasaron al bando de los lacedemonios durante la batalla.
La batalla se libró en Tanagra de Beocia. Tras grandes pérdidas en ambos bandos, la victoria se decantó por los lacedemonios y sus aliados. Tras entrar en la Megáride y derribar los árboles frutales, los lacedemonios regresaron a casa a través de Geraneia y el istmo. Sesenta y dos días después de la batalla, los atenienses marcharon a Beocia bajo el mando de Mirónides, derrotaron a los beocios en la batalla de